Posiblemente sea éste el punto más importante de todos, quizás por eso observarás que hablo de él en distintas partes del blog, y por ello lo trato aquí con mayor profundidad.
Yo tardé bastante tiempo en aceptarla, y os puedo asegurar que éso generó un sufrimiento innecesario. Por otra parte, me imagino que todos tenemos que pasar por nuestros propios procesos internos, y que eso lleva tiempo. Aunque estoy convencido de que, aceptar la ansiedad, es el kilómetro cero de toda recuperación.
Muchas veces confundimos la aceptación con otras cosas.  En ocasiones, pensamos que estamos aceptando algo cuando en realidad no es así. Aceptar NO es resignarse. La resignación implica pasividad, abandonarse a la deriva. Y para salir de la ansiedad se necesita una acción serena por el camino adecuado y con las herramientas precisas. Aceptar NO es resistir. Cuando nos resistimos hay tensión, hay una lucha que en sí misma está produciendo más ansiedad. Aceptar no es atrincherarse, apretar los dientes y aguantar. Además, ello provoca un desgaste tremendo, que sólo te lleva al agotamiento. Aceptar NO es ignorar lo que sentimos, pensamos o acontece. De la misma manera que al mirar al cielo, no podemos ignorar las nubes. Queramos o no están ahí. Aunque hay que ser conscientes de que en el cielo, no sólo hay nubes.
Aceptar la ansiedad es una actitud interior. De percibirla sin pasiones, de forma neutra y objetiva. Sin añadiduras. Desmitificándola. Es un no luchar contra uno mismo. Es no verla como un enemigo al que has que batir para salir de ella.
Es no empeñarte en querer dejar de sentir los síntomas inmediatamente. Es asumir que va a estar ahí durante un tiempo indeterminado.
Pero por otro lado, es orientar la energía que se estaba utilizando en la lucha en centrarse en las soluciones, no en los síntomas. Aplicando de forma constante aquellas técnicas y estrategias que ayudan a controlarla y a que disminuyan paulatinamente los síntomas. Sé por experiencia que es muy fácil decirlo y difícil llevarlo a la práctica, pero también sé que es muy necesario hacerlo.
Además de todo ello, personalmente también me ayudó el aceptarla cuando comprendí en su totalidad qué la originó, entonces la vi como una consecuencia lógica. La comprensión siempre es liberadora.