La chica del reportaje de TVE que os dejo al final, me ha traído muchos recuerdos.  Ver el escalón de mi casa como una auténtica muralla, es una de las sensaciones más duras que recuerdo de mi ansiedad (junto a la despersonalización).  El proceso de salir de la agorafobia, fue una de las épocas donde aprendí a centrarme en el presente.  Para ello, y para no pensar en el desmayo o en la crisis de pánico cuando salía, enfocaba mi atención en todos y cada uno de los detalles que me encontraba.  Trataba de fijarme en todo, absolutamente en todo.   En el color de las hojas de los árboles, en la chaqueta tan horrible que llevaba aquel señor, en el contenido nuevo del escaparate, en los olores, a qué olía,… en el canto de los pájaros, cuántos tipos de cantos distintos podía identificar,… en los coches y sus ocupantes…   Y MIENTRAS TANTO ANDABA.  Andaba a la vez que regresaba a mis sentidos, la vista, el oído, el olfato.  Centrado en ellos, procuraba ir cada día una esquina más lejos.  Si notaba que me mareaba, respiraba, y trataba de fijarme más… hasta ¡qué sé yo! hasta en las grietas de las losetas de la acera.  Detalles que habitualmente pasan desapercibidos pero que igualmente entran por nuestros sentidos.  Lo cual también me llevó a la conclusión de que las cosas existen para nosotros tanto en cuanto pensamos en ellas.  El caso era no pensar en qué me podía pasar en los próximos cinco minutos, sino estar enfocado en el aquí, ahora, éste momento.
La agorafobia me tuvo encerrado sobre todo un año.  En el cual conseguí salir muy pocas veces y siempre muy cerca de mi casa.  En la calle tenía miedo al mareo, al ataque de pánico y al bochorno de que la gente me viera si me ocurría algo.
Recuerdo que llegó un momento en el que me dije “¿y si me da? bueno, ¿¡pero qué pasa!?”, muchos mareos y crisis me habían dado hasta ése momento y aún seguía vivo.  Lo único que me podía ocurrir era más de lo mismo, y total, tampoco estar encerrado en casa hacía que la ansiedad desapareciera. Yo tenía que salir de aquello sí o sí. Fue como una especie de huida hacia delante, serena, sin prisas ni agobios, pero muy constante. De ir cada día siempre una esquina más lejos, centrándome en la gran riqueza de detalles que entraban por mis sentidos y que habitualmente no me fijaba, para así evitar los pensamientos que precisamente ocasionaban mi miedo.
Antes de salir a la calle practicaba la relajación. Éso hacía que saliera con menos ansiedad.  Aquí os dejo una vez más la Técnica de Relajación Muscular de Jacobson:
http://www.ivoox.com/relajacion-muscular-profunda-jacobson-audios-mp3_rf_312801_1.html
Haciéndolo de ésa manera, tardé unos 6 meses en conseguir salir a la calle cada vez que quería, rompiendo así el año de casi reclusión que tuve. Durante bastante tiempo más estuve sintiéndome mal en las salidas… PERO SALÍA.  Muy lentamente los síntomas fueron a menos, hasta que la calle dejó de ser un problema para mi.
De la agorafobia se puede salir, es duro, pero se puede.  Aquí os dejo el reportaje sobre una chica que también lo superó.
Reportaje TVE Agorafobia