Una de las sensaciones que tenía al principio de mi ansiedad, era que no podía controlar sus síntomas, que éstos “iban por libre” sin que yo pudiera hacer nada por controlarlos o evitarlos.  Parecía que mi cuerpo, por decirlo de alguna manera, se hubiese “rebelado” en un golpe de mala suerte que sobre mi vida había recaído.  Era la época en la que creía que para salir de la ansiedad, había que resistirla miestras buscaba algo que obrara el milagro de quitarme aquello de encima… ¡YA!.  Tiempo tardé en salir de ése gran error.  Precisamente ésa actitud lo único que hacía era agotarme física y mentalmente, a la vez que incrementaba mis síntomas. Hay cosas en la vida que no se superan apretando los dientes, y la ansiedad es una de ellas.
Leyendo muchísimo sobre cómo funciona la ansiedad, y aplicando a destiempo varios consejos de una psicóloga (error por mi parte), terminé siendo consciente de que hay una profunda conexión entre cuerpo y mente.  Los síntomas “iban por libre” porque éstos tenían un origen que no estaba teniendo en cuenta: EL PENSAMIENTO, las creencias, nuestro diálogo interno…  era ahí donde debía centrarme.
No tener en cuenta el pensamiento en la ansiedad, es como ver un árbol y creer que sólo existe lo que vemos, olvidando que sus raíces lo nutre.   Ser realmente consciente de todo ello me abrió un nuevo camino, cambiar de perspectiva fue decisivo.
Lentamente y con el tiempo, fui dándome cuenta de que sí podía hacer muchas cosas para salir de la ansiedad y sus síntomas, ir a por el origen de los mismos, a por aquello que los nutría.  Analizar creencias erróneas del tipo:
“Para ser feliz, necesito la aceptación y aprobación de aquellas personas que son relevantes para mi”
“Tengo que demostrar ser competente y destacar en todo aquello que realizo”.
“…”
(Os aconsejo echarle un vistazo a las Ideas Irracionales de Albert Ellis.  Aunque para analizar las creencias y pensamientos lo mejor es una buena terapia psicológica con un profesional)
También podía aprender a tomar distancia de los síntomas y de los pensamientos que los provocaban, practicando la meditación.
Podía aprender a controlar los síntomas físicos mediante la relajación y la respiración.  Para lo cual hay que ser muy constante y realizarla mínimo una vez al día.
Ser realmente consciente de que los síntomas de la ansiedad, son sólo éso, síntomas de la ansiedad, y no síntomas de cualquier otra cosa (dícese de infartos, locura,…) Aunque lo creyera, no era la realidad.  El hecho de que yo crea una cosa no quiere decir que sea necesariamente cierta.  Por mucho que yo me empeñe en creer que la nieve es verde, seguirá siendo blanca.
Otro pensamiento o idea errónea que tenía, en referencia al miedo, era: “hasta que no tenga miedo, hasta que no me sienta mejor, no podré hacer tal o cual cosa”. No podré salir… ir con los amigos… ir a un centro comercial… Falso. Éso era sólo una manera de autoengañarme, prolongando la ansiedad. De ello me dí cuenta cuando comprobé que los verdaderos avances en la ansiedad, se hacían con lo poco o mucho que lograba precisamente en los días malos.  Lo que se consigue hacer en un mal momento, es un paso de gigante. Esto es, salir de la ansiedad no se hace sólo con el pensamiento, necesita de una ACCIÓN progresiva y constante… aun teniendo miedo.  Comprobar que podemos hacer más (y es así) de lo que el propio miedo nos dice… es básico para superar la ansiedad.  Esta es la parte más difícil, y la que más tiempo lleva, pero no es imposible.
Se puede hacer mucho