Muchas veces, añoramos lo que ya no tenemos. En otras ocasiones, deseamos del futuro algo diferente de lo que vivimos en ese momento. Cuando nos sentimos mal, es cuando más “nos vamos” al pasado o al futuro. Centrándonos así en algo irreal, que al menos por ahora no existe. Y mientras todo ello ocurre, nos alejamos precisamente del único momento en el que de verdad podemos hacer algo. EL PRESENTE. Si queremos que mañana sea distinto, hay que sacudirse el pasado y tener muy claro, que lo único que podemos cambiar es justo el instante en el que vivimos, haciendo algo diferente.
Vivir en el presente, también lleva consigo aceptar la realidad en aquellas ocasiones que no podemos modificarla. Muchas veces, sobre todo en situaciones complejas, nos decimos a nosotros mismos frases del tipo:
“Si tal persona fuese de otra manera me sentiría mejor”.
“Si las cosas fuesen de otra forma… sería feliz”.
“Si no hubiese ocurrido…”
“Si lograra…”
“Si…”
Y mientras tanto, sufrimos produciéndonos una enorme ansiedad, ya que chocamos con una realidad a la que no nos estamos adaptando.
Pero realmente lo que nos hace sufrir, no es la realidad ni los demás. El origen del sufrimiento está en cómo reaccionamos ante los acontecimientos. Son nuestros juicios sobre cómo han de ser las cosas y las personas, quienes en verdad nos hacen sufrir.
Salvo en situaciones excepcionalmente graves, la realidad no es el problema. Una prueba de ello, es que ante un mismo acontecimiento, distintas personas reaccionan de diferente manera. Las cosas son lo que son…independientemente de lo que podamos pensar, sentir o desear. Y aceptar eso, es ponerse del lado de la realidad, no contra ella.
Descubrir todo ello fue para mí un cambio de rumbo, no sólo en mi ansiedad, también en mi percepción de la vida.
“Un pájaro apegado a una rama no puede volar”