En mi experiencia con la ansiedad, uno de los principales handicaps era creer que tenía algo distinto a la propia ansiedad. Me martirizaba pensando que cada pequeño síntoma era un cáncer o un infarto.   Era como sufrir una enfermedad sin tenerla. Sufría porque me daba miedo sufrir, cuando en verdad jamás hubo motivo para ello.
A pesar de innumerables médicos que me decían que estaba sano… tiempo tardé en darme cuenta que el problema no era mi salud. Repito, el problema no era mi salud,  el problema era mi pensamiento.
Muuuuy lentamente fui de verdad LIMITANDO lo que me ocurría, esto es, que los síntomas de la ansiedad eran sólo y exclusivamente eso mismo, síntomas-de-la-ansiedad. ¡¡Y DE NADA MÁS!! Limitar es importante. Darse en verdad cuenta que el hecho de que yo pensara una cosa no quería decir que fuese necesariamente cierta.  Que por mucho que yo me empeñe que la nieve es verde… seguirá siendo blanca.  De la misma manera, por mucho que me imagine que tengo una enfermedad… mi cuerpo seguía estando sano pues esa era la realidad de mi organismo.  Que una cosa son los pensamientos y otra muy distinta la realidad. Y la realidad era que siempre estuve sano.  El problema era el pensamiento, no mi cuerpo.
Para poder llegar finalmente a esas conclusiones,  me ayudó enormemente la auto-observación. Esto es, ver lo que me estaba ocurriendo como si le estuviese ocurriendo a otra persona.
Auto-observarme de esa manera, sin juzgar nada, sin valorar nada, sin analizar nada…sólo observar… me ayudó bastante, además del resto de acciones (que comento en el blog) que iban bajando mis niveles de ansiedad.  Inclusive observar de forma neutra esos pensamientos, observarlos sin interactuar con ellos, sin “responderles”, sin “hablarles”, sin juzgarme… me ayudó a dejar de identificarme con ellos.  Yo no era aquellos pensamientos.
Para poder entender mejor la auto-observación, permitidme el siguiente simil. Es como salir de una película, salir de la pantalla y saltar a la butaca del cine.  Observa el personaje de la película y no le recrimines nada. ¡¡Suelta el personaje y sé espectador!!  Con el tiempo te das cuenta que el espectador no tiene ansiedad.
Todo ello hizo que los miedos se fueran poco a poco disolviendo por el mero hecho de no ser reales.  Cuando observamos sin juzgar… irremediablemente la más pura realidad se nos hace presente.
Esa fue mi experiencia por si a alguien le pudiese ser de ayuda.  Aunque siempre recomiendo que para aprender a manejar los pensamientos, lo mejor es recibir el asesoramiento de un profesional de la psicología.