Mi ansiedad siempre se caracterízó por ir superando síntomas y seguidamente aparecer otro nuevo.  Como una interminable cadena de eslabones que debía ir deshaciendo uno a uno.
El eslabón de la despersonalización / sensación de irrealidad me costó superarlo por el miedo que me producía, ni tan siquiera me atrevía a contarlo por si los demás pensaban que había perdido la cordura.  Por aquel entonces ya había superado muchos síntomas, principalmente mediante la respiración, la meditación, relajación, distracción e iba poco a poco sintiendo lo que significaba realmente la palabra aceptar.  Pero cuando surgieron estos síntomas, los viví de una manera distinta a los demás por el miedo que me producían.  De esa manera los “elevé” a una categoría diferente al resto.  Incluso llegué a dudar si eran ansiedad o no, y esa duda me hizo mucho daño.  Error por mi parte.  La ansiedad es como un dado, tiene múltiples caras pero cada una de ellas no deja de ser el mismo dado.
A base de leer muchísimo sobre ansiedad, descubrí que nadie se había vuelto loco por el hecho de tenerla.  Que la despersonalización se trataba de un síntoma más como otro cualquiera y que era yo solito, quien lo estaba tratando de una manera distinta. Sin lugar a dudas desagradable, pero igualmente inofensivo como los demás.  Por lo tanto debía tratarlo como un síntoma más. 
De la misma manera que ninguna de las veces que temí tener un infarto significó que iba a tenerlo, sentir la despersonalización tampoco significaba que iba a perder la cordura. Era exactamente igual. Comprender eso hizo que interiormente bajara de “status” a este síntoma.
Saber todo eso me tranquilizó, pero hacía falta un paso más: NO TRATAR DE CONTROLARLO cuando lo estaba sintiendo.  El tratar de resistir hacía que centrara mi atención en el síntoma, cobrando así todo el protagonismo y aumentara por tanto mi nerviosismo. Tenía que dejarlo estar, aceptándolo profundamente, no creerme el síntoma, respirar diafragmáticamente para relajarme, practicar deporte para bajar mi nivel general de ansiedad y sobre todo distraerme. Así mismo me di cuenta que es en esos momentos, como en los de crisis, cuando más se hace necesario tener práctica en la relajación, saber relajarse.  En el fondo y como siempre se trataba de aplicar la regla básica, esto es, centrar la atención en la vida y no en los síntomas.
Superar la despersonalinzación / desrealización fue comprobar una vez más que en la ansiedad NADA ES LO QUE PARECE.