Tomamos muchas cosas para la ansiedad y no me refiero a pastillas o remedios naturales. Tratamos de tomar impulso en esa búsqueda de la salida, tratando de encontrar aquello que nos motive para seguir adelante. Aunque hay que tener cuidado en no tomar más de lo mismo que nos llevó a ella.  
Cuando llevas un tiempo experimentando el miedo en tu vida, llega un momento en el que te “rindes”, y te das cuenta de que has de cambiar como persona para poder salir adelante. De realizar un giro en nuestra forma de pensar, actuar,… en definitiva, de SER. Pero ello quizás nunca lo hemos hecho, no sabemos exactamente cómo hacerlo, o bien sentimos mucha resistencia interna que tampoco sabemos qué hacer con ella.  Por lo que al final, podemos caer en el fatídico “no puedo”. 
En esos momentos de bajón, buscamos algo que nos anime y es entonces cuando encontramos, sobre todo en las redes sociales, frases del siguiente tipo: 
“La pasión te hace valiente”
“Prohibido rendirse”
“El éxito de tu vida se mide por los obstáculos que superas”
“No te rindas jamás”
“Que el Ave Fénix sea tu modelo”
“Has de resurgir de tus cenizas”
Frases que al leerlas, o que alguien nos las diga en sus múltiples variantes, sentimos que nos viene como anillo al dedo, pues encajan perfectamente con lo único que sabemos hacer: LUCHAR. Al leer este tipo de frases, quizás podamos sentir un empujón inicial, nos imprime ánimo para continuar.  Pero continuar… ¿haciendo qué? A seguir con el esfuerzo, con la batalla, la resistencia, la guerra contra uno mismo y la ansiedad. Tarde o temprano ese subidón inicial que nos imprime sencillamente cae, no se sostiene ni nos sostiene. ¿Por qué? Porque ese tipo de mensajes hace que automáticamente comencemos un diálogo interno lleno de frases del tipo “Tienes que…” “Debes de…” “Has de…” Llenándonos así de autoexigencia, tensión y por lo tanto de más ansiedad. ¿Te das cuenta que es justo eso lo que nos decíamos antes de que la propia ansiedad apareciese? En definitiva, continuamos haciendo lo mismo que nos llevó al miedo.
Especialmente dañina es la visión del Ave Fénix, de que hemos de resurgir de nuestras cenizas.  ¿Por qué? Porque ello implica partir del hecho de que ahora somos cenizas, de que no somos lo que tenemos que ser, como si en este momento fuésemos erróneos. Como si la ansiedad no fuese algo que tuviésemos que estar viviendo. Quizás te haya chocado esta última frase.  Pero no hay momentos erróneos ni somos erróneos en ningún momento.  La ansiedad es sólo el mensajero de que hemos de evolucionar.  Y ese mensaje hay que recibirlo, acogerlo,… escucharlo.  Se repetirá tantas veces hasta que realmente nos enteremos de qué nos quiere decir. Nuestro cuerpo, a través de los síntomas nos está hablando, escuchémoslo. Ten la total y absoluta certeza de que el mensaje será siempre positivo para nosotros.
Pero para poder cambiar hemos de partir de lo que somos.  Y no somos cenizas, no somos erróneos.  Somos personas, seres humanos y por lo tanto GRANDES. Somos total y absolutamente perfectos con nuestras imperfecciones. 
Los cambios en la persona siempre se producen desde dentro, de la misma manera que un polluelo rompe el cascarón.  Y ese cambio sólo se puede producir desde la más profunda, sentida, sincera y radical aceptación de que somos lo que somos, de que la realidad es la que es y punto. Aceptar implica permitirnos sentir lo que sea que estemos sintiendo en el momento.
Hemos de tener mucho cuidado en no confundir el querer cambiar con la evolución:  
  • Querer cambiar implica un deseo de ser otra cosa de lo que somos ahora. Perseguimos un ideal que sólo existe en nuestra mente. Y todo deseo implica por sí mismo una tensión añadida por querer alcanzar ese ideal y un miedo a no alcanzarlo. La paz no se halla llenándonos de tensiones, presiones, miedos, culpabilidades,… de ansiedad. Por eso hay personas que desean tanto cambiar que nunca cambian. Porque en ese intento se llenan precisamente de aquello que desean dejar atrás.
  • Evolucionar es lo que realmente nos está pidiendo la ansiedad.  Somos vida y queramos o no nos regimos por las mismas leyes que ella.  La vida es cambio, movimiento, está en constante transformación. Sólo hemos de cambiar nuestro foco de atención, escuchar, observar, comprender y no resistirnos a lo que nos pide. El sufrimiento surge cuando no nos permitimos ser lo que somos. Por ello en la no resistencia encontramos otra de las grandes claves. El querer cambiar de alguna manera es ponerte a remar cuando el río ya fluye solo.  Es querer forzar el ritmo. Y terminamos agotándonos porque la vida, la naturaleza tiene sus propios ritmos, en cada momento hemos de vivir lo que hemos de vivir. Y si no lo hacemos, la vida se encarga de traérnoslo una y otra vez hasta que lo vivamos, para que podamos entender aquello que nuestro interior precisa. Así es como la paciencia se convierte en una de las grandes actitudes que aprendemos con la ansiedad, porque tener paciencia es conectar con el ritmo natural de la vida. Evolucionar es fluir con ella, ser lo que tenemos que ser en cada momento desde la no resistencia.  Y es justo ahí donde encontramos la verdadera motivación porque al dejar de luchar, es cuando percibimos que toda nuestra fuerza se reúne para hacer de forma natural aquello que necesitamos. Todo ello no quiere decir que debamos abandonarnos.  Salir de la ansiedad requiere una acción (aprender a relajarse, meditar, deporte, terapia, salir a la calle…) Pero la diferencia es hacerlo desde la no autoimposición como si una parte de ti luchara contra parte de ti. No hacerlo desde el “debería de…” “tengo que…”.  Es hacerlo desde la no resistencia a hacer aquello que has de vivir. Es un cambio de actitud, no de acción.  La acción hay que realizarla.
 Recuerda.
  “No hay momentos erróneos ni eres erróneo en ningún momento”. 
 Detente en esa frase. Haz silencio para poder acogerla, profundiza en ella, medítala y tenla latente en ti horas, días,… o quizás sólo baste unos minutos. No es cuestión de repetirla, es de sentirla, de reconocerla. Tarde o temprano cierto atisbo de paz asomará en ti. Cuando la sientas, aunque sólo sea un poco, tira de ahí. La paz siempre es ese hilo brillante que te sacará de toda oscuridad.