Últimamente estamos viendo cómo el Mindfulness se está aplicando en los casos de Trastornos de Ansiedad con bastante éxito. Pero tan importante es el saber practicarlo, como la actitud con la que nos acercamos a meditar.  
Cuando sentimos ansiedad, la primera reacción instintiva que tenemos ante ella es tratar de controlarla y hacer lo imposible para no sentirla. Ese control y evitación, la tenemos tan automatizada que la aplicamos sin darnos cuenta. ¿Por qué digo esto? Porque muchas personas se acercan al Mindfulness como si fuese una estrategia de control de la ansiedad. Como un intentar o buscar sentir paz huyendo de lo que sentimos. Una manera de anestesiarnos como vía de escape ante los síntomas. Si hacemos eso, estamos teniendo la misma actitud de siempre: controlarla y evitarla. Es decir, estamos utilizando el Mindfulness como instrumento de combate para no sentir. Lo cual, tal y como experimenté en mis propias carnes, sencillamente no funciona para salir del miedo. 
Por eso hay quienes al practicar meditación, terminan abandonándola al sentenciar que no funciona, o tras un breve período de mejoría sienten que no terminan de salir de su situación.  
El Mindfulness no es una estrategia de control de la ansiedad. No es evitar, huir o no sentir síntomas, ni ha de practicarse para ello.  De hecho meditar y evitar es como el aceite y el agua, no pueden ir de la mano. Por decirlo de alguna manera, son “antónimos”. 
Uno de los grandes pilares que sostiene la ansiedad en nuestras vidas, es la credibilidad que le damos a los pensamientos. Le tenemos una fe tremenda a todo aquello que se nos cruza por la pantalla de nuestra mente. Y es ahí donde el Mindfulness tiene su verdadero sentido. Mediante su práctica, terminamos por darnos cuenta de que los pensamientos son precisamente eso, pensamientos y no hechos consumados. Es un aprender a crear un espacio entre ellos y nosotros, de manera que no nos arrastren, pero a la vez sin querer cambiarlos. De esa manera se va poco a poco deshaciendo esa fe y ese ser uno con lo que pensamos. Así que el Mindfulness no es una herramienta de control de nada, sino un adquirir una nueva relación con todo aquello que experimentamos, inclusive nuestros pensamientos.  
No se trata de no sentir, sino de cómo nos relacionamos con nuestro sentir. ¡Claro que mediante su práctica puede llegar el experimentar calma y paz! pero como efecto secundario de lo realmente importante: ese darse cuenta de que los pensamientos y sensaciones son lo que son, y no lo que creemos que son.  
Quienes no practiquen Mindfulness y lean todo esto, quizás estén pensando “qué difícil es hacer eso”. Si es ése tu caso tranquilo, todo se aprende mediante la práctica. Así que ánimo y a ¡practicar!.