Esa pregunta me la hice miles de veces a lo largo de los 7 años que la tuve. Pero como siempre en la ansiedad, nada es lo que parece. Lo que había detrás de esa pregunta era un profundo deseo de que el miedo desapareciese de mi vida a la voz de ¡ya!. Cuando fui consciente de ello, trataba de no tener ese deseo. Procuraba no lamentarme del tiempo que llevaba, ni ponerme fechas ni volver hacerme esa pregunta. Pero eso no hacía que desapareciese el deseo. Lo único que estaba haciendo de esa manera es que una parte de mi, la que tenía el deseo, luchara contra otra parte de mi, la que no quería tenerlo. Entré de esa manera en una nueva lucha interna que no me llevaba a ninguna parte.
Tiempo tardé en darme cuenta que detrás de ese deseo había algo más profundo y que escapaba del ámbito de la ansiedad. Y no era otra cosa que mi querer controlarlo todo. En el fondo quería controlar todo lo que me ocurría, cuándo debía aparecer y desaparecer cuanto me ocurría en la vida. La ansiedad era una de esas cosas, sólo una de tantas. A parte de porque no quería sentirlo, no soportaba que el miedo estuviese ahí porque no podía controlarlo… y eso me daba más miedo aún, alimentando y engrosando de esa manera el que ya tenía. 
Recuerdo que leyendo uno de los libros de Anthony de Mello, decía algo así “Todo acontece cuando ha de acontecer, ni un segundo antes, ni un segundo después”. No tenemos el control sobre el tiempo, no existe el control sobre la inmensa mayoría de los acontecimientos que nos ocurren. No existe el control sobre la ansiedad. Ante ello sólo cabe la aceptación, el llevar los acontecimientos de la mejor manera posible. Y la mejor manera es ir instante a instante, momento a momento, paso a paso, día a día. Soltando el mañana pues éste escapa a nuestro control. Sólo podemos hacer algo en el ahora. Darme cuenta real de todo eso y llevarlo a la práctica, hizo que dejara de contar los meses y años, así como dejar de pensar en cuánto tiempo me quedaría. No existe el “cuánto tiempo me queda”, y la prueba de que no existe es que no hay respuesta a esa pregunta. Nadie puede responderla. 
Todo ello en el fondo y con el tiempo me tranquilizó, pues me liberé de la tensión que me suponía el estar tratando de controlar el futuro. Sólo me tenía que ocupar de lo que estaba ocurriendo AHORA… pues es lo único que existe. Así que suelta, afloja, destensa y ocúpate sólo de tu instante.