Situarnos en el presente, es una manera de no entrar en esa corriente que nos arrastra llamada ansiedad. Pero ello no implica rechazar los pensamientos relativos al futuro. Fíjate cómo de esa manera, lo único que hacemos es entrar en conflicto contra nuestro propio pensar. Y entramos en ese conflicto sin darnos cuenta de que realmente, no le tenemos miedo al futuro. Le tenemos miedo a lo que estamos imaginando en nuestro presente. Repito. EN NUESTRO PRESENTE. No puede ser de otra manera pues nada escapa del ahora, inclusive lo que pensamos.   
En el miedo irreal, los pensamientos futuros no hablan del futuro. No pueden hacerlo sencillamente porque éste no ha nacido. Sólo son imaginación, ficción, presunción, fantasía,… Por lo que en verdad, esos pensamientos futuros, sólo hablan de cómo nos encontramos en este instante. Si miramos qué hay detrás de ellos, vemos que son la consecuencia de nuestra ACTUAL no confianza ante el devenir de la vida y de nuestra ACTUAL creencia en lo que imaginamos.
El problema de la ansiedad no está en el futuro. El problema está en cómo vivimos nuestro presente. Si lo vivimos con confianza, con aceptación, permitiendo nuestro sentir y dejando pasar lo que imaginamos “sin zambullirnos” en ello… todo se suaviza.