Un buen profesional de la psicología / psiquiatría, un amigo, un familiar, un libro… nos pueden ayudar. Pero todos tenemos un espacio interior al que pocos pueden llegar. Ese espacio es donde nos hablamos, habitan nuestras emociones y nos sentimos. Es el lugar en el que se produce el abrazo interno y donde podemos cultivar la ternura hacia nuestra persona. Es en ese espacio donde se van originando esos pequeños cambios que nadie percibe pero que tú sabes que se han producido. 
Observa cómo en el fondo, cada cambio en tu ser a lo largo de la vida, se ha fraguado desde ahí. Y es precisametne ahí, en ese espacio, donde has de dejar de luchar contra tus sentimientos, pensamientos y emociones. Es ahí donde has de dejarte en paz para que puedas “sanar” esa fractura, esa división interna en la que una parte de ti siente miedo y otra quiere estar bien. Recuerda, ambas partes son tuyas y por lo tanto no han de estar enfrentadas. Tu sentir es tuyo, está ahí, existe, permítele ocupar el espacio que de todas maneras está ocupando. 
Cuando permitimos, lo que realmente estamos haciendo es dar la oportunidad a que todo pueda ser transformado. En cambio, cuando resistimos lo que hacemos es condensar, retener lo que ha de marcharse. 
Toda transformación en la persona se produce de dentro hacia fuera, así que ve hacia ese espacio al que sólo tú tienes acceso y haz limpieza para sentir amplitud dentro de ti. Cuando tenemos ansiedad, solemos creer que nos falta algo, como si fuésemos erróneos. Pero en verdad lo que nos ocurre es que nos sobra. Nos sobran creencias, patrones y actitudes que han ido depositando en nosotros y que ahora nos estorban.  
El camino de la salida de la ansiedad se hace ligero de equipaje. 
Cuida tu espacio. Cuídate.