Uno de los puntos clave que me ayudó a salir de la ansiedad, fue el hecho de hacerme consciente de mi lenguaje interior. De ese “discurso” interno que todos tenemos. Hasta ese momento ni me había dado cuenta de él, es más, creía que era él y ni me había planteado que buena parte del problema estaba precisamente ahí. Ello lo descubrí practicando el primer ejercicio que propone Anthony de Mello en su libro Sadhana, donde pide que trates de estar diez minutos en silencio mental. Me resultaba imposible, mi mente vagaba de un lugar a otro y procurar mantener el silencio suponía una tarea titánica. El objetivo del ejercicio no era aprender a estar en silencio mental, sino el hacerte consciente de que continuamente estamos generando pensamientos. Practicándolo varias veces, ahí fue donde descubrí que existía un discurso interno y que éste tenía un enorme poder. Mucho me quedaba por recorrer aún, pero hacerme consciente de él, me abrió todo un campo nuevo sobre el que trabajar.
La continua práctica de la autoobservación (ver vídeo), punto clave en las obras de Anthony, hizo que poco a poco fuese descubriendo que según lo que decía ese discurso, así me sentía. Si me decía “vas a tener una crisis”, enseguida me ponía nervioso, tenso o aparecían síntomas. ¡Había una relación causa-efecto! Y es que ese lenguaje interior, es como unas gafas mediante las cuales percibimos tanto lo que nos rodea como a nosotros mismos. No vemos la realidad, vemos lo que el pensamiento nos dice en relación a ella. “Si voy al super me sentiré mal” y comenzaba a darme taquicardia. Ese pensar era como un espejismo que me impedía ver que en ese preciso instante, estaba totalmente seguro y por lo tanto, no había motivo para sentir miedo. Pero no, las gafas me decían lo contrario. El hacernos conscientes de esas lentes que filtran nuestra realidad, es bajo mi humilde punto de vista, uno de los aspectos claves para salir de la ansiedad. Es un mirar las gafas en lugar de mirar a través de ellas. Llegar hacer eso requiere práctica, pues llevamos toda una vida con ellas puestas y la inercia del hábito nos lleva a utilizarlas.
Detente, respira, observa tu lenguaje interno y date cuenta de la influencia que tiene en la aparición y desaparición de síntomas. Una vez que te des cuenta, fluye, deja marchar ese parloteo interior, suéltalo (ver vídeo). Practicar eso me ayudó bastante. En el fondo, eso es meditar. Así que practica meditación para ejercitar la capacidad que todos tenemos de autoobservarnos. Cuanta más ejercitada esté esa capacidad, más podrás darte cuenta de lo que realmente te sucede y de que no estás en peligro. Ese “no estás en peligro” lo sabes de manera intelectual, sabes que no lo estás, pero tienes la sensación de que tu mente o tu organismo no se lo cree ¿Verdad? Pues bien, la práctica de la autoobservación hace que todo tu ser termine por verlo claro y nítido. Al darte cuenta de su mentira, lentamente las gafas del miedo comienzan a caer por su propio peso.