Esa pregunta me la hice un montón de veces, de alguna u otra forma siempre estaba ahí. Pero esa pregunta me machacaba, pues hubo largas temporadas, en las que no tenía respuesta o creía que jamás podría salir de ella. Cuando llegaba a ese último punto, sentía la ansiedad como una losa que jamás podría quitarme de encima.  
Conforme fui descubriendo que la aceptación y vivir EN en el presente, era una vía por la que cada vez me sentía mejor, la pregunta poco a poco fue perdiendo sentido. Desde esa perspectiva, ya no se trataba de si podría salir de la ansiedad o no. Se trataba de “permitir aceptar esto que estoy sintiendo AHORA MISMO”. Ese cambio de enfoque me ayudó… y mucho. Ya no veía a la ansiedad como esa imponente montaña que tenía que escalar a base de esfuerzo y sacrificio. Desde esa perspectiva, ya sólo tengo éste instante, éste síntoma, ésta sensación, ésta emoción o pensamiento. Los que vengan en el futuro ya los trataré con la “energía” que tenga en ese momento. Pero ahora mismo, me quedo aquí, donde estoy, sólo ésto que estoy sintiendo. Es el “paso a paso”. Escalón a escalón. Sin mirar arriba. 
Todo ello no se consigue a la primera, el desarrollar una nueva actitud requiere su tiempo y práctica. Pero si se persevera, poco a poco sientes que todo comienza a transformarse. Y si continuamos perseverando, llega un momento en el que, sin hacerte la pregunta, sabes que la respuesta es “SÍ, PODRÉ SALIR”. Eso no quiere decir que a partir de ahí todo sea un camino de rosas. Aún ya sabiendo que podría, tuve varias recaídas. Pero ya no era lo mismo. Los “picos” de ansiedad cada vez eran de menor intensidad y más distanciados. Hasta que con el tiempo… dejé de sentirlos. Así fue como llegó un día en el que hice algo, que muchas veces pensé jamás haría, tiré “la pastilla de emergencia” que siempre llevaba en la cartera. Ya no la necesitaba. 
Sal de la pregunta y entra en el presente con aceptación.