Así lo sentimos ¿verdad? Que la ansiedad nos llega y condiciona nuestra existencia. Mientras estamos en ella, tenemos la fuerte sensación de que nos hace tener un tipo de vida que no deberíamos tener. “¿Cómo hubiese sido mi vida si no hubiese tenido ansiedad?” Esa pregunta se la hacía una de vosotras el otro día. 
Como sabéis, sólo hablo desde mi propia experiencia y reflexiono a raíz de ella. Cuando estaba plenamente inmerso en la ansiedad, efectivamente sentía que ésta condicionaba toooda mi vida. El cómo me sentía, mi cuerpo, pensamientos, proyectos, anhelos, ilusiones, relaciones,… en todo ello percibía a la ansiedad como un freno y en muchas ocasiones un obstáculo. Hoy en día, doce años después de haber salido de ella, veo lo que realmente me estaba condicionando:  
– He de controlarlo todo.
– He de hacerlo todo perfecto.
– He de demostrar mi valía para que me quieran.
– Nada puede o debe pararme.
– He de estar a la altura de los demás o de lo que se espera de mi.
– Ser diferente al resto es terrible.
– Sentir algo desagradable es horrible y hay que eliminarlo.
– … 
A éso era a lo que me estaba condicionando, a continuar con esas actitudes hacia mi mismo, los demás y la vida. La ansiedad me impedía tener esas actitudes porque ésta nos llega y: 
– Sientes que no puedes controlar tu cuerpo ni tu mente.
– Te impide hacer las cosas con la tensión interior que necesitas para hacerlo todo perfecto, pues ello te genera más ansiedad.
– Crees que la ansiedad hace que tu valía como persona disminuye.
– Sientes que la ansiedad te detiene.
– Te sientes diferente al resto por tener ansiedad. 
Pero aunque así lo creía, el problema no era nada de ello. El problema es que me identificaba como persona con todo ello. Era ésa identificación con el control, el perfeccionismo,… lo que realmente me tenía preso. Soltar toda esa pesada mochila fue un comenzar realmente a vivir. Por lo tanto, aunque no lo veía cuando estaba inmerso en la ansiedad, ésta no estaba condicionándome la vida. LO QUE ESTABA ERA CONDICIONÁNDOME A SEGUIR CON ESAS ACTITUDES. Es como si ésta hubiese estado durante siete años diciéndome “¡Eh, Rafa, que esas actitudes te están condicionando la vida! Y hasta que no me enteré de ese mensaje, continué teniendo ansiedad. Por eso mismo, en la cabecera del blog puse la frase: “Cuando aprendí todo lo que la ansiedad me tenía que enseñar… dejó de tener sentido y desapareció”. Realmente ésta no llegó a mi vida a condicionarme, sino a liberarme de aquello que me estaba condicionando. 
¿Cómo hubiese sido mi vida si no hubiese tenido ansiedad? Estoy seguro que de no haber tenido ansiedad, algo distinto hubiese llegado a mi vida para que al final, HUBIESE LLEGADO A LAS MISMAS TRANSFORMACIONES INTERNAS de soltar, confiar, paciencia, confianza, aceptación,… que fueron las que realmente me sacaron de la ansiedad. Porque éso era lo que realmente necesitaba. La ansiedad fue sólo el medio, el camino por el cual llegar a dichas transformaciones. ¿Que la vida podría haber elegido otra manera más suave de decirme las cosas? Esa pregunta también llegué hacérmela. Pero pude ver que esa pregunta nacía desde mi rechazo a lo que estaba viviendo. De la vida nos llega lo que necesitamos, no lo que queremos. Y ahí es donde entra en escena el sufrimiento, en el querer algo distinto de lo que nos llega. Por lo tanto, el problema no es lo que nos llega, sino nuestra resistencia a lo que nos llega. Y salir de ese sufrimiento se hace por una de las grandes lecciones que siempre nos trata de enseñar la ansiedad: LA ACEPTACIÓN. Que no es lo mismo que resignación. Una aceptación de corazón, sincera y sentida, abandonando toda lucha hacia nuestro sentir y acontecer. 
La ansiedad no es el problema, es el medio, el instrumento que la vida ha elegido para abrirnos a la confianza, a la paciencia, dejar de juzgarnos, querernos a nosotros mismos,…  
La ansiedad no viene para ser temida. Más allá de los síntomas… viene para ser escuchada.