Posiblemente, sea éste el punto más importante de todos, quizás por eso, observarás que hablo de él en distintas partes de la página y por ello lo trato aquí con mayor profundidad.
Yo tardé bastante tiempo en aceptarla y os puedo asegurar que eso me generó un sufrimiento innecesario. Por otra parte, me imagino que todos hemos de pasar por nuestros propios procesos internos y que eso, lleva tiempo. Aunque estoy convencido, de que aceptar la ansiedad es el kilómetro cero de toda recuperación.
Muchas veces, confundimos la aceptación con otras cosas. En ocasiones, pensamos que estamos aceptando algo cuando en realidad no es así. Aceptar NO es resignarse. La resignación implica pasividad, abandonarse a la deriva y para salir de la ansiedad, se necesita una acción serena por el camino adecuado y con las herramientas precisas. Aceptar NO es resistir, cuando nos resistimos hay tensión, hay una lucha que en sí misma está produciendo más ansiedad. Aceptar, no es atrincherarse, apretar los dientes y aguantar, de hacerlo así, se produce un desgaste tremendo que sólo te lleva al agotamiento.
Aceptar la ansiedad es una actitud interior, de percibirla sin pasiones, de forma neutra y objetiva. Sin añadiduras. Desmitificándola. Es un no luchar contra uno mismo. No verla como un enemigo al que has que batir para librarte de ella.
No empeñarte en querer dejar de sentir los síntomas de forma inmediata. Es asumir que van a estar ahí durante un tiempo indeterminado. Pero por otro lado, es orientar el esfuerzo que se estaba utilizando en la lucha encentrarse en las soluciones, no en los síntomas. Aplicando de forma constante aquellas técnicas que ayudan a disminuir paulatinamente los síntomas. Sé por experiencia, que es muy fácil decirlo y difícil llevarlo a la práctica, pero también sé que es muy necesario hacerlo. Además de todo ello, personalmente también me ayudó el aceptarla cuando comprendí en su totalidad qué la originó, entonces la vi como una consecuencia lógica. La comprensión siempre es liberadora.