Seguramente habrás leído que la práctica de la Meditación es buena para salir de la ansiedad. Ciertamente para mi fue uno de los puntos fundamentales que me ayudaron a ir encontrándome cada vez mejor. 
¿Pero exactamente por qué meditar?
En la sociedad actual solemos vivir robotizados, vamos de aquí para allá con la mente saltando de una preocupación a otra, sin que realmente vivamos ni disfrutemos de la vida. Es por ello que abunde tanto entre las personas estados de pesadumbre, nerviosismo, inquietud, estrés y ansiedad.
Dependiendo de la persona y sus circunstancias, todos vivimos con mayor o menor frecuencia, situaciones en las que nos vemos arrastrados por la mente. Si por ejemplo me viene el pensamiento “estoy en peligro” cuando en verdad no lo estoy, automáticamente mi cuerpo comenzará a reaccionar como si de verdad lo estuviera.
Si pienso que “soy tonto” y le doy credibilidad, enseguida comenzaré a experimentar sentimientos de tristeza e inutilidad ¿Te das cuenta de que nos movemos más en el mundo de la fantasía que de la realidad, generándonos un enorme sufrimiento? Esto es, la “fe” que le tenemos a lo que los pensamientos dicen, es una inagotable fuente de aflicción. Pero no culpabilicemos a la mente porque entonces lo único que estaremos haciendo será entrar en conflicto con nosotros mismos. No la culpabilicemos porque precisamente ésa es su función, que no es otra que la de producir pensamientos. Así que el problema no es la mente, sino cuál es nuestra relación con ella. Y precisamente ahí entra la meditación, ya que ésta nos enseña a cómo relacionarnos con nuestros pensamientos, sentimientos, emociones y sensaciones físicas de manera que no sean una fuente de sufrimiento para nosotros ni para los demás. Y curiosamente cuando aprendemos hacer eso, todo ello se apacigua. Por lo tanto, una de las primeras cuestiones de las que hemos de darnos verdadera cuenta, es que las cosas son lo que son, y no lo que imaginamos, pensamos o presuponemos. Es por ello que resulta imprescindible limpiar nuestra visión tanto de la realidad como de nosotros mismos. Ajustarla a lo que es, situándonos así en la más pura realidad. Cuando nos quedamos en lo que “ES” y no en lo que “imaginamos que es”… nos liberamos de las películas de terror imaginarias.
Pero para llegar a esa visión clara y nítida de la realidad, primero hemos de CALMAR LA MENTE, lo cual significa bajar la INTENSIDAD Y FRECUENCIA de nuestros pensamientos, dando así pie a que posteriormente podamos trabajar otros aspectos que necesitemos sanar. Esto es como aprender a nadar. No podemos aprender a nadar con olas de cinco metros, directamente nos ahogaríamos, hemos de hacerlo cuando el mar está en calma. Pues de la misma manera, resulta muy difícil aprender a gestionar pensamientos, sentimientos y emociones mientras somos literalmente arrastrados por todo ese flujo mental. Es decir, que como en todo proceso natural, primero se gatea, luego se anda, después se corre y finalmente se salta. Y para este primer paso, nada mejor que la meditación y calmar nuestra mente.
La práctica meditativa es un camino lento, pero es el más seguro a medio y largo plazo. Tanto es así que la ciencia está demostrando los grandes beneficios que tiene, razón ésta por la que muchos psicólogos están aprendiendo Mindfulness para enseñárselo a sus pacientes. Ante todo ello, hay que aclarar que la meditación no es terapia, pero sí que es terapéutico. De hecho la Universidad de Lund en Suecia, encontró que la práctica del Mindfulness sería igual de efectivo que la Terapia Cognitivo-Conductual en personas con depresión y ansiedad. Así mismo es sabido que entre los beneficios de la meditación se encuentran:
– Reduce la preocupación y rumiación
– Aumenta la serenidad y la concentración
– Nos sitúa en el más absoluto presente, lejos del pasado y del futuro que es donde nos encontramos con la culpa y el miedo.
– Incrementa el bienestar general.
– Baja el ritmo cardíaco y la tensión arterial
– Activa zonas del cerebro que nos permite detener el “piloto automático” de pensamientos en el que habitualmente estamos inmersos.
Así que desde aquí te animo a practicar meditación. Y esta recomendación no la realizo desde la teoría, sino desde mi propia experiencia personal. Ella fue uno de esos puntos claves que me permitió salir de siete años de ansiedad, así que la recomiendo 100% convencido de que funciona.