A lo largo de los siete años en los que tuve ansiedad, fueron muchas las recaídas que aparecieron a lo largo de ese tiempo. Cuando parecía que todo iba mejorando, un día cualquiera y sin esperarlo, aparecían de nuevo las crisis y/o síntomas que creía ya superados. Parecía como si todo mi esfuerzo por encontrarme mejor no hubiese servido para nada, dándome la sensación de que debía de empezar de cero una vez más.
Y es que la salida de la ansiedad no es lineal, tiene sus picos y su valles, sus curvas y sus rectas… y con eso hay que contar. Tenemos el concepto de que el proceso de salida de la ansiedad, es como el de una enfermedad común, en la que poco a poco te vas sintiendo mejor hasta que finalmente te curas, o bien si aparecen de nuevo los síntomas se le llama recaída. Pero no, con la ansiedad pienso que dicha comparación no puede hacerse sencillamente porque la ansiedad no es una enfermedad.
¿Pero por qué se recae? Esa pregunta me la hice un montón de veces. Dejé de hacérmela cuando me di cuenta de que las recaídas, tal y como las concebía, no existen. No existen las recaídas como tal porque tooodo forma parte del mismo aprendizaje, se trata de un proceso, no de una línea recta ¿Aprender qué? A relacionarte contigo mismo y con la vida de otra manera. A restar importancia a muuuuchas cosas que realmente no la tienen. A disolver el ego. Cuidarte. Darte cuenta de que eres un ser absoluta e incondicionalmente valioso. Aprender a no exigirte más allá de tus límites. Aprender a distanciarse de pensamientos, sentimientos, emociones,… Cada persona es un mundo y por lo tanto requiere sus propios aprendizajes y “darse cuenta”. Lo más seguro que en nuestro empeño por salir de la ansiedad, ya tratemos de hacer todo o parte de ello y continúan apareciendo lo que llamamos recaídas. Pero… ¿con qué intención hacemos todo eso? Ahí está la gran clave del tema ¿Para qué practico deporte, meditación, relajación, leo libros,…? ¿Lo hago como esfuerzo para salir de la ansiedad o lo hago como fruto de haber adquirido conciencia de que ya no puedo seguir siendo como antes? Ésa es la gran pregunta.
Muchos de vosotros me preguntáis “¿tuviste que cambiar como persona para salir de la ansiedad?” La respuesta es sí, tuve que cambiar. Mi proceso de salida de la ansiedad fue directamente proporcional a cómo iba cambiando como persona. Así que tooodo esfuerzo para salir de la ansiedad que no estuviese en sintonía con eso, era en balde. Tuve que abrirme a ser de otra manera, a soltar mis viejos patrones, concepciones, planteamientos, hábitos,… En definitiva, abrirme a evolucionar. Ello implica estar dispuesto a no aferrarte a nada, a que todo se pueda mover en tu interior.  A que aquello que te ha sido útil durante muchos años ya no lo es. Sé que abrirte a todo ello, inicialmente da miedo porque sientes como si saltaras al vacío. Pero no es cierto, no hay vacío porque la vida siempre y en todo momento te sostiene. La evolución es de lo más natural, forma parte de la vida donde todo es cambio y transformación. Y seamos conscientes o no… somos vida, somos parte de ella y por lo tanto nos movemos bajo sus mismas leyes. Así que tranquilo/a que lo del salto al vacío es sólo una sensación, no una realidad.
Tras todo ello volvamos a las recaídas y a la gran pregunta “¿Para qué hago todo lo que hago?” Respondamos a esa pregunta. Si es para tratar de eliminar los síntomas y seguir siendo como antes… ¡claro que aparecerán de nuevo! porque lo que está generándolos sigue intacto. Si lo hago desde una apertura sincera y honesta de evolución…  ésa fue la vía que me sirvió para ir progresivamente encontrándome mejor. Y si os fijáis en los testimonios de todas las personas que han salido de la ansiedad, ésa vía está presente en todos.
Así que realmente no recaemos, sino que aún estamos aprendiendo. Y quienes nos está enseñando es la propia vida a través de nuestro organismo diciéndonos “¡Oye, que por ahí no es!” “¡Oye, que aún has de transformar esto o aquello!” Es decir, los síntomas vuelven porque aún no hemos apreHendido lo que necesitamos para engancharnos a lo siguiente que nos espera en la vida. Los síntomas vuelven tanto en cuanto nos resistimos a soltar lo viejo por miedo a lo nuevo. Que en el fondo es miedo a la vida. Y ese miedo… es igualmente irracional, porque somos parte inseparable de ella. 
Para hacer esa transformación personal pienso que necesitamos dos grandes actitudes de base: humildad y honestidad. Humildad para reconocer que nuestra concepción de nosotros mismos y de la vida ya no nos es válida. Honestidad para no autoengañarnos, entre otras cuestiones, con triquiñuelas del tipo “voy hacer como si cambiara, pero no cambio, para ver si así salgo de la ansiedad”. Esas dos actitudes en la sociedad actual, se confunden con debilidad. Pero en verdad… hay que ser muy valiente para ser humilde y honesto con uno mismo.
Cuando nos abrimos de manera honesta sentimos la vida y a nosotros mismos como algo fresco, nuevo, lleno de posibilidades. Y eso… es muy sanador. Muy al contrario de sentirnos encerrados en un búnker tratando de preservar el cómo éramos o el cómo somos. Así que ábrete a la vida para que pueda llegarte toda su inmensidad. Ábrete a todas las posibilidades que, como persona, puedas llegar a ser. Afloja tu cuerpo para que pueda descansar en lo nuevo. 
La vida te está esperando. Ve con ella.
Estás esperándote. Ve contigo.