La ansiedad suele ir acompañada de pensamientos negativos que la alimentan y generan un gran malestar. Identificarlos y tratar de verlos con objetividad, pienso que es un paso decisivo para comenzar a sentirse mejor. Sé que esos pensamientos pueden hacer que lo pases realmente mal, pero para tu tranquilidad te digo, que no has de preocuparte por el hecho de tenerlos. Todo el mundo, en un momento dado puede tenerpensamientos negativos, catastróficos o indeseables. Ése no es el problema. Repito, el problema no es tenerlos. El problema es qué hacemos con ellos. Ahí es donde está la clave. Cuando nos creemos esos pensamientos, los hacemos nuestros y nos identificamos con ellos, es cuando nos hacen sufrir. Llegando hacer incluso que dudemos de nuestra propia cordura. No te identifiques con los pensamientos negativos, pues en verdad nada dicen de ti. Esos pensamientos no te definen, no son parte de tu ser. Tú no eres esos pensamientos, tú no eres tu ansiedad.
Entonces… ¿qué hacer con ellos cuando llegan? Toma distancia y no interactúes con ellos. Sin reaccionar de ninguna manera, ni juzgarlos ni juzgarte. Tan sólo obsérvalos sin participar en ellos. Acéptalos, no luches ni te resistas, de lo contrario sólo entablarás una guerra en la que se harán más persistentes. Los pensamientos negativos son como las de olas del mar, si te acercas te alcanzan e impregnan. Pero si te mantienes a distancia las ves llegar… y se desvanecen. Quédate en la orilla y espera a que se desvanezcan, verás cómo con la práctica terminan por marcharse. Ese dejarme estar, fue para mí una gran tabla de salvación. Para comprender mejor todo ello hay una historia que lo explica francamente bien, podéis verla en el siguiente vídeo.
En ese aprendizaje de tomar distancia de los pensamientos y también de las sensaciones, la meditación fue una de las herramientas más potentes que descubrí y que me ayudaron a superar la ansiedad. La mente muchas veces va de un lugar a otro, de un pensamiento a otro y tenemos la terrible sensación de que nada podemos hacer por controlarla. Pero la práctica de la meditación, hace que aprendamos a enfocar la mente y a observar tanto la realidad como a nosotros mismos, de una forma más serena y realista.