La única función del miedo es nuestra seguridad. En el fondo, aunque cueste creerlo, lo que pretende el miedo es garantizar nuestro bienestar. Es decir, el fin último del miedo es que nos encontremos bien.
Entonces ¿qué ocurre? ¿Por qué me encuentro tan mal cuando siento miedo? Porque no le permitimos existir. No nos permitimos sentir nada que no sea gozo, alegría, felicidad, plenitud,… Parece que tuviéramos un libro de reglas en el que se indica:
– Prohibido sentir miedo
– Prohibido sentir tristeza
– Prohibido sentir enojo
– Prohibido sentir …
¡Pero a ver! Seamos realistas y pongamos los pies en el suelo ¿Qué ser humano no siente miedo, tristeza, enojo,..? ¡Somos seres humanos! No seres salidos de anuncios de televisión. Así que ir negando nuestro sentir es negar nuestra propia naturaleza. Y por eso sufrimos tanto cuando lo rechazamos ¿Te imaginas a una flor luchando por no ser flor? ¿Cómo sería? Por lo que el primer paso para salir del miedo al miedo, es reconocer y aceptar nuestra propia naturaleza.
Estamos todo el tiempo tratando de sentirnos de una determinada manera y ¡¡¡ESO NO FUNCIONA!!! para sentirnos como queremos ¿Ves lo absurdo de estar todo el tiempo tratando de sentirte bien? Detente y párate de verdad a verlo antes de continuar leyendo.
¿Y por qué no funciona? ¡Pues porque ya nos sentimos de una manera! La que sea. La que tengamos en cada instante. Siempre nos sentimos de una determinada manera y lo que precisamente nos hace sufrir, es el andar forzándonos para sentirnos de otra. Es ese forcejeo interior el que nos lleva al sufrimiento.
Cuando descubrí esto último me rendí a la más pura evidencia. Esto es, ME SIENTO COMO ME SIENTO. Punto. Ya está. Es absurdo luchar contra mi sentir porque no sirve para sentirme mejor. Ése fue un paso importante, el reconocer la INUTILIDAD DE LA LUCHA. Fíjate cómo la lucha no sana. La lucha no te hace sentir como te quieres sentir. Y ahora observa cómo esa lucha está impulsada por el miedo al miedo. Una de las reacciones que tenemos cuando tenemos miedo, es la lucha. Es decir, luchamos contra nuestro sentir porque le tenemos miedo a lo que sentimos.
Párate. Detén tu lectura e imagina con tooodo lujo de detalles, cómo sería no tenerle miedo a lo que sientes ¿Cómo sería el instante siguiente a no tenerle miedo a tu sentir? ¿CÓMO SERÍA TU MIEDO SI NO LE TUVIESES MIEDO? ¿Qué ocurriría con él? De verdad, párate, trata de verlo contestando a esas tres pregunta. Si es necesario, termina de leer este artículo mañana u otro día. Pero detente ahí todo el tiempo que necesites.
¿Lo has hecho ya? Bien. Ahora comprueba cómo ésas respuestas se parecen mucho más a como realmente quieres sentirte y reflexiona sobre ello.
Ante todo ello, lo más seguro que te estés diciendo “Vale, eso está muy bien ¿pero cómo dejo de sentir miedo al miedo?” Para contestar a esa pregunta sólo puedo hacerlo diciendo lo que yo hice. Todo es cuestión de perspectiva, de visión, de darse cuenta. El verdadero “darse cuenta” se produce cuando razón, emoción e intuición encajan. Es un “ahora lo veo” y algo dentro de ti comienza a ver la situación desde otra perspectiva. Pero… ¿darse cuenta de qué? Pues de algo que experimentamos a diario cuando se tiene ansiedad, pero que no caemos en la cuenta. Esto es:
QUE EL MIEDO AL MIEDO NO HACE QUE DEJES DE SENTIR MIEDO.
El miedo al miedo ¡no funciona! para dejar se sentir miedo. Es inútil. No sirve para tu bienestar ¿Y cómo llegar a ese darse cuenta? Pues como siempre lo hacemos: OBSERVANDO. Dedica horas, días, semanas si hace falta a observar de forma neutra e imparcial, el cómo tu sentir miedo al miedo, no te lleva a sentirte mejor. Puede que todo esto ya lo sepas, que intelectualmente lo sepas, pero si continuamos sintiendo miedo al miedo, es que aún no lo hemos experimentado, no lo hemos vivenciado. Y para llegar a vivenciarlo, hemos de detenernos una y otra vez a observar de manera neutra e imparcial la inutilidad de la lucha, la inutilidad del miedo al miedo. El cómo no nos sirve para ganar en paz y bienestar. De nuevo párate ahí y si es necesario, termina de leer otro día. No importa lo que tardes en leer este artículo, lo que importa es que ganes en VISIÓN, en perspectiva y con ella que ganes en paz.
La lucha es inútil. Vale ¿Y qué es lo que nos es útil? Si has tardado varios días en llegar a este punto de la lectura, posiblemente ya lo hayas comprobado. Lo que nos es útil es esa observación que nos lleve a ese darnos cuenta. Porque cuando nos damos verdadera cuenta de que algo nos es inútil… lo tiramos, lo desechamos, nos deshacemos de él. Y te digo que cuando dejamos de tenerle miedo al miedo… éste último pierde toooda su fuerza. Cuando dejas de sentir miedo a tu sentir… lo dejas fluir. Y cuando tu sentir fluye… toooodo se suaviza. Los síntomas, los pensamientos, las sensaciones,… bajan considerablemente en intensidad y frecuencia.
Cuando leía este tipo de actitudes en los libros de Anthony de Mello, recuerdo que me decía “ya, pero no puedo evitar sentir miedo al miedo, no puedo evitarlo” Hasta que me di cuenta de que precisamente no tenía que evitarlo. Sino permitirlo. Sí, lo sé. No es fácil permitirlo. Pero no es fácil sólo en ese primer instante en el que de forma honesta te permites sentir. Una vez atravesado y con la práctica, te das cuenta de que todo se suaviza y ablanda. De que al otro lado del permitirte sentir, está lo que andabas buscando a través de la lucha.
De la ansiedad no se sale luchando contra nuestro sentir sino permitiéndolo. Es la batalla que iniciamos contra nosotros mismos, la que hace que la ansiedad se prolongue en el tiempo.
Si quieres paz… ¡¡ DECLÁRATE LA PAZ !!
Me declaro la paz a mi mismo
Me declaro en paz hacia mi persona
Suelto las armas
No soy mi enemigo
No he de cambiarme
Sólo he de amarme
Dejo que mi cuerpo se afloje
Me declaro la paz