Si estás leyendo estas líneas, es que llevas un tiempo más o menos largo con ansiedad. Así que aprovecha ese tiempo a tu favor, para darte cuenta de algo que quizás ya sabes, pero que nos cuesta terminar de verlo realmente: QUE LOS PENSAMIENTOS SON UNA COSA Y LA REALIDAD ES OTRA BIEN DISTINTA. Esto último lo supe durante mucho tiempo, lo sabía intelectualmente, pero cada vez que me llegaba un pensamiento catastrófico ese “saber”, no me servía para tratar al pensamiento como irreal y por lo tanto para no verme arrastrado por él. Así que ahí había una separación entre lo que “sabía” y lo que “sentía”. Sabía que no estaba en peligro pero sentía miedo como si lo estuviese. “¡Pero si sé que no estoy en peligro! ¿Por qué tengo miedo?” Jamás llegué a contestarme a esa pregunta. Y no me la llegué a contestar porque comprendí que me la estaba planteando porque estaba excesivamente enfocado en los pensamientos y trataba de contestarla desde el mismo pensamiento que estaba produciéndome la ansiedad. Y es que solemos vivir en la mente, en los pensamientos, pareciese que no hay otra cosa en la vida que esa “voz” que todos tenemos en la cabeza y que está constantemente juzgando cómo son las cosas.
Siempre he dicho que para salir de la ansiedad, hace falta una gran dosis de realismo, tener los pies en el suelo, un “tocar tierra”. LOS PENSAMIENTOS NO SON LA VIDA. Si la vida fuese los pensamientos, sería un caos espacio-temporal porque ésta tendría que estar adaptada a los pensamientos de  7.000 millones de habitantes de este planeta. Si yo pienso que la vida y la realidad es “A”, tú piensas que es “B” y otra persona piensa “C”… ¡no puede haber tres vidas y realidades distintas! ¿Lo ves? ¡Sería absurdo además de imposible! Esto nos demuestra que la vida es la que es y que las cosas son lo que son, independientemente de lo que podamos creer, pensar o sentir. Rendirse a esa evidencia es también una forma de entrar en el “aquí” y en el “ahora”.
Como decía, la vida es la que es y si nos damos cuenta, LA VIDA ES LA QUE RIGE. La vida es la que manda. Lo que nos vamos encontrando en cada instante, es lo único que vivimos, es lo único que nos toca vivir. No hay otra cosa que vivir que precisamente lo que vivimos. No hay más. Ante ello cabría preguntarse “¿y qué es lo que nos está diciendo la vida a través de la ansiedad?” Nos está diciendo justo lo contrario de lo que habitualmente creemos.
Vamos al día a día de una persona con ansiedad.
Si yo pienso “estoy teniendo un infarto”, luego la vida a través de los acontecimientos me dice que no es así.
Si yo pienso “tengo una enfermedad mortal”, luego la vida a través de los acontecimientos me dice que no es así.
Si yo pienso “me estoy volviendo loco”, luego la vida a través de los acontecimientos me dice que no es así.
¿LO VES? ¿TE DAS CUENTA? ¡LA VIDA NO PARA DE DECIRTE QUE LOS PENSAMIENTOS CATASTRÓFICOS NO SON VERDAD! Y te lo está repitiendo una y otra vez, montones de veces, todos y cada uno de los días. Está constantemente repitiéndolo ¡No para de decirlo! No importa el número de veces que nosotros creamos a nuestros pensamientos, la vida no se cansa ni se cansará de demostrarnos de que no son verdad. Y la prueba de que ello es así es que ¿Cuántas veces creíste que te iba a dar un infarto y no ocurrió? ¿Cuántas creíste que te ibas a morir y aquí estás? ¿Cuántas creíste que tenías una enfermedad mortal y continúas sano? ¡¡Muchas!! ¿Lo ves? La vida está constante diciéndote miles de veces que los pensamientos catastróficos ¡no son verdad! Que son sólo pensamientos. Que los pensamientos no son una realidad en sí mismos. Que lo real es lo real. Y que lo real es que estás sano y que no estás en peligro.
Pero no sólo eso, nos está diciendo mucho más.
La vida nos está diciendo a través de los síntomas algo muy importante y común a muchas personas con ansiedad: QUE NO CONTROLAMOS NADA. Nos viene un síntoma o un pensamiento catastrófico y casi instintivamente tratamos de controlarlo para que desaparezca. Pero echa un vistazo a tu sentir y a tu pensar ¿Alguna vez has conseguido controlarlos? Yo jamás lo conseguí. No pude. No se puede. No podemos controlar a voluntad un pensamiento o un síntoma ¿Lo comprobamos? Fíjate en lo siguiente. “No pienses en una casa roja”, ya has pensado en una casa roja. “No pienses en un perro”, ya has pensado en un perro. “No pienses en un caballo”, ya has pensado en un caballo. Algo que solía decirme mucho “no pienses que tienes cáncer”, con lo cual automáticamente pensaba que tenía cáncer y sufría enormemente por ello ¿Lo ves? ¡¡No se puede controlar el pensamiento!! No podemos controlarlos a voluntad. La voluntad no es aplicable a los pensamientos.
Pues lo mismo ocurre con los síntomas y bajo mi experiencia (siempre hablo desde ella) ocurre de la siguiente manera. Cuando sentimos un síntoma tratamos de anularlo, controlarlo o eliminarlo. Sin darnos cuenta que AL TRATAR DE CAMBIARLO MÁS ATENTOS TENEMOS QUE ESTAR DE ESE SÍNTOMA. Y a más atentos estamos al síntoma, éste aumenta su intensidad. Y a más intensidad, más tratamos de controlarlo, más atentos estamos a él, más intensidad,… la pescadilla que se muerde la cola. Entrando así en un círculo vicioso en el que sufrimos enormemente ¿Cómo salir de ahí? Dándonos cuenta de dos cosas: 
1ª QUE EL TRATAR DE CONTROLAR NO ME AYUDA A SENTIRME MEJOR. Fíjate cómo no te sirve, no te es útil para ganar en paz ni en bienestar. Observa cómo el tratar de controlar ¡no funciona! para salir de la ansiedad.
2ª QUE NO PUEDES CONTROLAR NADA ¿Alguna vez conseguimos controlar algo en el devenir de la vida o simplemente las cosas suceden como suceden? El control no existe, es una ilusión. 
Cuando nos damos verdadera cuenta de esas dos cosas, sin que tengamos que hacer nada, automáticamente SOLTAMOS EL CONTROL. Lo desechamos por inútil y por sufriente. Y al soltar el control nos deslizamos hacia la aceptación. Y es ahí donde nos damos cuenta, de lo absurdo de luchar, controlar, modificar, eliminar,… que lo único que teníamos que hacer era acoger, permitir, fluir,… En definitiva, nos damos cuenta de que tan sólo teníamos que ir con la vida, no contra ella. Que lo único que teníamos que hacer era ir con nosotros mismos, no contra nosotros.