¿Te has dado cuenta de que cuando sentimos ansiedad, tratamos de dejar de sentirla de una manera que nos hace sentirla más?
Cuanto más queremos que no esté, más está.
Cuanto más queremos controlarla, más se descontrola.
Cuanto más luchamos contra ella, más grande se hace.
Cuanto más huimos de ella, más pegada la sentimos.
No queremos que esté… queremos controlarla… luchamos contra ella… huimos de ella… Detente aquí y observa cómo tratamos de salir del miedo desde el miedo. La base, esa plataforma desde la que nos movemos para salir de él, es una plataforma de miedo. Eso es como si yo tengo varias maderas ardiendo y trato de apagar el fuego echándole encima un montón de madera.
¿Cómo tratas de apagar un fuego? ¿Con agua o con el mismo combustible que lo hace arder?
¿Cómo tratas de curar una herida? ¿Procurando que cierre o abriéndola más?
¿Cómo tratas de solucionar una error? ¿No volviéndolo a repetir o repitiéndolo más?
Pues de la misma manera con el miedo y la ansiedad. No podemos salir de ahí desde el miedo y la ansiedad de sentir lo que sentimos. Hemos de cambiar de enfoque, de perspectiva, ir por otro camino. El camino a recorrer, o al menos ésa fue mi experiencia, es desde los opuestos al miedo: el amor hacia uno mismo, la confianza, la paz, paciencia, no juzgar, compasión, comprensión, aceptación,… Fíjate cómo todo ello es más afín a ti, a tu esencia como persona, a lo que eres como ser humano y a lo que habita en tu fondo.
No importa que ahora mismo quizás no sientas nada de ello, que sólo sientas miedo, lucha y huida. Y no importa porque el hecho de que no lo sientas, no quiere decir que no esté. Estar están, lo único que ocurre es que lo que más nos han enseñado en la vida es a temer. Nos han enseñado a actuar desde el miedo:
Miedo al qué dirán o pensarán de mi.
Miedo a sentirme mal.
Miedo a no tener el control
Miedo a que las cosas no salgan como queremos.
Miedo a equivocarnos.
Miedo a …
Miedo a…
Fíjate cómo antes de que apareciese la ansiedad, esos miedos ya estaban ahí de alguna u otra manera. Con lo que en el fondo, las únicas diferencias que hay respecto a antes, son las formas en las que se expresan esos miedos y su intensidad. Un ejemplo de ello lo descubrí en propia carne. La principal razón por la me pasé prácticamente un año sin salir de casa con agorafobia, era por el miedo al qué pensarían de mi si me veían con una crisis. Pero es que ese miedo al qué pensarán los demás, en absoluto era nuevo en mi. Lo llevaba arrastrando desde hacía muchísimo tiempo atrás. Por lo que en el fondo,… tenemos los mismos miedos que antes con algunas derivaciones. Quizás no éramos del todo conscientes de esos miedos, creíamos que era “lo normal” vivir así o si éramos conscientes preferíamos mirar hacia otro lado. En definitiva, tuvieron que llegar los síntomas y sentir miedo con intensidad, para que nos hiciésemos conscientes de que teníamos que transformar algo que llevábamos tiempo arrastrando. De esa manera el miedo y la ansiedad, se convierten en una fuerte llamada de atención por parte de nuestro organismo, para que sanemos lo que mucho tiempo atrás llevábamos sintiendo.
Así que para recorrer ese nuevo camino del que hablábamos, de aceptación, paciencia, no juicio, no lucha, comprensión, paciencia, compasión… sólo hemos de centrarnos en él. Cultivar esas actitudes,  profundizar en ellas. Viendo ese nuevo camino NO COMO LA FORMA DE NO SENTIR LO QUE SENTIMOS, sino como el hacer lo que tiempo atrás deberíamos haber hecho para nuestro bienestar y crecimiento personal. 
De la ansiedad se sale desde dentro, desde lo que somos en esencia, no desde lo que tememos.
Salimos desde lo que somos, no desde lo que no queremos ser.