(Lee muy despacio, sin prisas. Date tiempo a sentir lo que lees)
Estás aquí, leyendo estas líneas.
Estás ahora, en este momento.
No importa lo que ocurrió antes, pues ya no existe.
No importa lo que ocurrirá, pues aún no ha nacido.
No importa lo que pienses de ti, pues ningún pensamiento es capaz de describirte.
No importa lo que pienses de lo que sucede, pues ningún pensamiento es capaz de englobar la realidad.
Sólo importa este instante, donde todo aparece y se desvanece.
Sólo importa ir con la vida.
Abre los brazos y recibe lo que llega.
Abre las manos y suelta lo que ocurrió.
Fluir con la vida es un continuo recibir y soltar.
No hay otra cosa más que vivir que este instante.
No te quedes con nada de lo que ocurrió.
No esperes nada de lo que te pueda llegar.
No guardar… no esperar… eso es libertad.
La libertad de no estar atado al pasado ni al futuro.
La libertad del aquí, donde todo te está llegando.
La libertad del ahora, cuando todo ha de ser soltado.
Aquí, vente aquí. Contigo.
Ahora, vente ahora. Contigo.
Quédate en este instante y deja de pelearte con él.
Deja de reñirle y observa cómo tu cuerpo se afloja, destensa, alivia,… Párate.  Quédate ahí hasta sentir eso.
Ese alivio es tu cuerpo diciéndote “ése es el camino”.
Si así lo has sentido… aunque sea sólo un pequeño atisbo…
has encontrado el camino hacia la paz.
Un camino hacia ningún lugar, hacia ningún momento.
Pues todo está aquí.
Todo es ahora.
No hay más que hacer.
No hay más que vivir.