Nos llega la ansiedad y al poco tiempo sentimos que nos falta confianza para llevar adelante nuestra vida. Esa seguridad a la hora de salir a la calle, ir a tal reunión o ante determinadas situaciones. De hecho, muchos de los consejos que recibimos por parte de los demás es “¡ten confianza!”. Recuerdo que cuando me lo decían me daba hasta coraje, pensando para mis adentros “sí hombre como si fuera tan fácil”. Y en el fondo me daba coraje porque a la hora de exponerme, buscaba en mi esa seguridad y al no encontrarla caía en el desánimo. Me decía “me falta confianza”, achacando el no poder realizar tal o cual actividad a esa falta. Así fue como llegué a sentirme erróneo, como si mi ser no estuviese “bien hecho”. Al decirme eso tantas veces y creerlo a pie juntillas, terminé por actuar acorde a esa creencia. Y cuando el miedo me frenaba, me decía “¿ves como te falta confianza?” autoconfirmando de esa manera mi creencia. Así me pasé muchos años, pero poco a poco leyendo a Anthony de Mello, me di cuenta de que las personas no somos erróneas en ningún momento, que no nos falta nada, que en todo caso lo que nos sobra son falsas creencias y pensamientos erróneos. Aquello supuso un gran alivio para mi, pues no era que yo hubiese venido a este mundo “mal fabricado”, sino que mi falta de confianza era sólo una consecuencia. Aquello me ayudó a soltar esa preocupación y centrarme en la práctica.
Con el tiempo me di cuenta de que la mejor manera de estar centrado en esa práctica, era hacerlo de manera limpia, sin añadiduras ni juicios por mi parte. Salir a la calle una y otra vez. Exponerme a las situaciones una y otra vez. Practicar deporte, meditación, relajación, hoobies,… una y otra vez. Sólo de esa manera podía ir afinando la práctica, corriendo estrategias y sobre todo actitudes internas ante mi mismo y ante lo que acontecía. Tirado en el sofá o en la cama no podía corregir nada porque no vivenciaba nuevas situaciones. Una práctica donde de manera sincera y sentida no me reprochaba, sino que me comprendía, sin sentencias condenatorias, soltando los fracasos y centrándome en la práctica de sólo ése día.  En el fondo, puse mi confianza en LA PROPIA PRÁCTICA EN SÍ. Es decir, no se trata de tener confianza de forma gratuita, no se trata de un brindis al sol. Se trata de una práctica basada en una profunda certeza confirmada con hechos de QUE A TRAVÉS DE LA PRÁCTICA, CONSEGUIMOS COSAS. Me explico ¿Cuánto has conseguido en tu vida a través de la práctica? Párate un momento y verás cómo son muchas. Aprendiste a leer, escribir, realizar cálculos matemáticos, conducir un coche, nadar, montar en bicicleta, aprendiste a realizar un trabajo, manualidades, idiomas,… ¡¡son muchas!! Es decir, esa capacidad de aprender y crecer MEDIANTE LA PRÁCTICA ¡¡LA TIENES!! Lo has podido comprobar un montó de veces. Así que como decía, no se trata de una confianza gratuita, sino basada en hechos demostrados a lo largo de tu vida de que practicando, consigues salir de una situación y entrar en otra nueva. 
Hay que tener en cuenta algo muy importante: es la propia práctica la que te va enseñando. Imagina que cuando aprendiste a leer, te hubieses desanimado cada vez que leías mal una palabra, que te hubieses desanimado pensando “como me equivoco mucho eso quiere decir que no puedo aprender a leer” ¿Qué hubiese pasado? Que ahora mismo no estarías leyendo estas líneas. Pero recuérdate cuando eras niño/a y aprendías a leer, no te reprochabas nada, no te juzgabas, ni tampoco dejaste de continuar practicando. Simplemente corregías, aprendías y seguías adelante sin importarte las equivocaciones. Pues así es también con la ansiedad. No importan los fallos, importa los aprendizajes que extraigas EN la propia práctica, el ir afinándola, no el número de veces que puedas fallar. Puede que ante todo ello alguien diga “yo llevo intentándolo un montón de tiempo y no puedo” Esa frase además de demoledora para el ánimo es incierta. Porque no es que no puedas, sino que aún no has encontrado la forma o nadie te la ha enseñado. Pero no es porque no puedas. Por eso es importante no parar hasta dar con ese psicólogo/a que sea capaz de ayudarnos de verdad. Así que no es que “no puedas”, sino que “aún no sabes” ¡que es muy distinto! Y si no sabemos siempre podemos buscar a alguien que nos enseñe, pero no decir que no podemos.
Con todo esto te quiero decir que PUEDES CONFIAR EN TI porque te lo has demostrado un montón de veces a lo largo de la vida: “practicando me he llevado más allá de donde estaba” Párate y date cuenta de eso.
PUEDES CONFIAR EN LA VIDA porque si te fijas, de ella siempre recibimos lo que necesitamos para crecer como personas.
PUEDES CONFIAR EN TU ORGANISMO, porque es la última generación de millones de años de perfeccionamiento y evolución centrada en tu bienestar. 
Y cuando digo “PUEDES”, no me estoy refiriendo a probabilidades o tratando de darte ánimos. Me refiero a una tranquilizadora CERTEZA basada en hechos.