En la zona de confort nos sentimos seguros, pero también nos sentimos ahí dentro muy limitados. Es decir “canjeamos” libertad a cambio de seguridad. Pero es muy curioso, porque cuando nos encontramos dentro, lo que más anhelamos es precisamente libertad. Sé en propia piel que lo que nos mantiene en la zona de confort es el miedo. Pero… ¿de qué nos estamos protegiendo cuando nos encerramos ahí? La experiencia personal me dice que nos protegemos del propio miedo. Por lo tanto en el fondo, de lo que nos estamos protegiendo en la zona de confort ES DE SENTIR. Nos estamos protegiendo de nuestro propio sentir ¡Tratamos de protegernos de nosotros mismos! De lo que surge “de piel hacia dentro”. Pero fíjate cómo el encerrarnos ahí NO FUNCIONA para sentirnos mejor. Puede que no sintamos el miedo que sentimos cuando nos exponemos, que sintamos un alivio inmediato al regresar a la zona de confort, pero en el fondo de nuestro ser, sentimos una enorme falta de libertad, una enorme limitación, nos ahogamos ahí dentro porque desde ahí no tenemos acceso a nuestros sueños, amistades, proyectos, a la naturaleza,…
Una de las cosas que me ayudó a salir de la ansiedad, fue darme cuenta de que NO PODÍA HUIR DE MI MISMO. De que hiciese lo que hiciese, fuese a donde fuese, “yo seguía ahí”. De que mi sentir en sus múltiples formas continuaba ahí. De que seguía sintiéndome. Pero ojo, esa tendencia de huir de nosotros mismos, lo llevamos haciendo toda la vida y es una práctica muy extendida y potenciada en esta sociedad. Escuchamos música a todo volumen, vemos la TV, tomamos drogas, nos distraemos en mil asuntos,… en un intento de anestesiar nuestro sentir. Con lo cual en el fondo, cuando tenemos ansiedad, no estamos haciendo nada distinto de lo que llevamos haciendo toda la vida y muchíiiiisimas personas hacen diariamente ¡¡Y AHÍ ESTÁ EL PROBLEMA!! Ahí está una de las grandes claves QUE SEGUIMOS HACIENDO LO MISMO: HUIR DE NOSOTROS MISMOS. Cada vez estoy más convencido de que mi organismo y la vida, a través de la ansiedad, me dijo “¡Eh, Rafa, que no puedes seguir así. Que ya no puedes continuar más tiempo huyendo de ti mismo”. Y de ahí lo síntomas, donde no paramos de sentirnos.
Si queremos que algo cambie en nuestras vidas, hemos de hacer algo distinto. Si hacemos siempre lo mismo, continuaremos igual que siempre. De esa manera fue cómo el salir a la calle cuando tenía agorafobia, el afrontar tal o cual situación, se convirtió también en una forma ir hacia mi. De dejar de huir de mi. Cuando regresaba corriendo a casa, no huía de la calle, huía de mi sentir. La calle es neutra. Así que quedarme en ella era también una forma de quedarme conmigo mismo. Sé muy bien que eso cuesta, que es muy fácil decirlo y difícil hacerlo, pues el miedo y sus síntomas se hacen notar. Pero esa dificultad, pude comprobar que era directamente proporcional a mi rechazo a sentir. Que en cuanto me acogía, me comprendía, admitía, consentía (CON-SENTIR), recibía,… todo cuando en mí surgiera esa dificultad iba bajando considerablemente. Ese fue un camino lento, con sus rachas buenas y rachas malas, pero la verdad es que el “ir hacia mi”, fue una de las mejores cosas que pude hacer por mi persona. 
Huimos de nosotros mismos porque creemos que dentro de nuestro ser hay algo malo. Pero ni mucho menos es así. Está demostrado que las personas con ansiedad son más sensibles que la media. Por lo que no me equivoco si digo que dentro de ti hay mucho amor, bondad, generosidad y belleza. Así que desde esa plataforma… sal a la calle, afronta las situaciones, lleva a la práctica los consejos de tu psicólogo, haz deporte, meditación, relajación, hobbies, escúcharte, atiéndete, considéarte, mira por ti y tu auténtico bienestar. Por que si haces todo esto estás haciendo algo bueno por ti y por lo tanto te estás queriendo. Verás cómo desde ahí… todo comienza a suavizarse.