Todo en la vida está entrelazado.
Nada ocurre porque sí.
Todo tiene su por qué y su para qué.
La ansiedad también lo tiene.
Cuando sentimos que nuestro mundo interior se derrumba, lo que realmente se está derrumbando es el viejo mundo, nuestras viejas concepciones, percepciones, ideas, creencias,… Es como si el mapa interior por el que nos estábamos moviendo hasta ese momento, ya no nos fuese válido y se estuviera ampliando o modificando. Entre medias nos sentimos inseguros y es normal que así sea, porque lo viejo aún no se ha marchado y lo nuevo aún no nacido. Nos encontramos en esa etapa de transición en la que nos cuesta soltar el pasado y nos da miedo lo que nos pueda venir. Para caminar por esa etapa y no quedarnos estancados, nada mejor que la CONFIANZA EN EL PROCESO DE LA VIDA. Comprender profundamente que la vida es cambio, evolución y transformación. Comprender que nosotros somos parte de ella, somos vida y por lo tanto nos regimos por sus mismas leyes naturales. Esto último nos convierte seres cíclicos, donde unos ciclos se cierran y otros nuevos se abren. Si echas un vistazo a tu vida, verás cómo unas etapas se marcharon y otras nuevas abrieron ante ti. Cómo no eres el mismo que hace cinco años, ni tampoco aquél es el mismo que el de hace diez ¿¡Lo ves!? ¿Ves como eres vida? Así que deja de resistirte a ella. Deja de resistirte a lo que eres.
Algo que me quedó muy claro después de haber superado la ansiedad, es que los siete años que estuve en ella, constituyó esa etapa de transición entre el Rafa estricto y un Rafa más abierto al proceso de la vida. Más pendiente a vivir lo que toca en cada momento que a vivir lo que las exigencias educacionales me habían grabado. Y también me quedó claro otra cosa, que esas etapas de transición son más o menos largas en función de nuestra resistencia a soltar lo viejo y abrirnos a lo nuevo. A más resistencia, más largas son. Que lo mejor para reducir los tiempos de transición, es REALIZAR cada día, cada instante, AQUELLO QUE EN EL FONDO SABEMOS QUE TENEMOS QUE HACER. Realizar aquello que en el fondo sabemos que nos hace bien y centrarnos en ello. No importa si tenemos ganas o no. No importa si creamos que podemos hacerlo o no. No importa si nos da miedo o no. Lo sé, es muy fácil decirlo y difícil hacerlo, pero es que también sobrevaloramos las ganas que tenemos, lo que creemos y al propio miedo ¿Y sabéis por qué no importa? Porque lo único importante es la propia vida. Me explico. Si me dejo llevar por el miedo, las ganas y creencias, nada cambiará y me quedaré estancado en lo viejo, en lo que fue y ya no es. Por lo que la vida continuará trayéndome una y otra vez la misma situación de ayer porque yo aún no lo he soltado. Es decir si yo me aferro a lo que fui y a lo que fue, continuaré viviendo desde el pasado, por lo que éste volverá a repetirse una y otra vez. Si yo me hubiese aferrado a continuar siendo el Rafa rígido, estricto, mecanizado y autoexigente… jamás hubiese salido de la ansiedad. Es por ello, que desde mi experiencia y deseando de corazón que tu etapa de transición sea lo más corta posible te digo…

¡SUÉLTALO TODO!

¡SUÉLTATE!

Suelta lo que fuiste porque esa persona ya no existe.
Suelta lo que fue porque aquello ya pasó.
Suelta toda resistencia a la vida porque la vida es imparable.
Suelta para que pueda haber espacio en tus manos y agarrar lo que ha de llegar.
Suelta sin miedo porque eres vida y la vida nunca se perjudica a si misma.
Sé inteligente y ve con la vida. Haz lo que te diga el corazón, la intuición y aquello que sabes que en el fondo te hace bien. Hazlo por ti, por los tuyos y sobre todo porque te mereces ser feliz. Y ese merecer no ha de ser un pensamiento en la cabeza, sino un sentirlo en tu pecho. Sé que no siempre lo sentimos, normalmente porque estamos abrumados por el miedo y por las capas de nuestra educación. Pero fíjate cómo TODO, ABSOLUTAMENTE TODO lo que que has hecho en tu vida ha sido para ser feliz. Ningún acto de tu vida estuvo fuera de esa búsqueda. Así que observa esa tendencia innata que hay en ti a ser feliz y desde esa plataforma…

¡CAMINA!

¡POR DIOS CAMINA!

Que no sólo te mereces ser feliz, sino que es tu tendencia más esencial e innata. Es tu misión de vida.
La ansiedad no es el fin del mundo.
Es el inicio de uno nuevo.
Sé que esto último no es fácil verlo cuando estamos bajo el peso de los síntomas, pero más difícil es el quedarnos estancados viviendo lo mismo una y otra vez. Así que sé práctico, ponte las cosas fáciles soltando toda resistencia y hazle caso a la vida.