Muchas personas creen que quererse a uno mismo, es vivir en un continuo estado de fuegos artificiales. Como si viviéramos dentro de un árbol de navidad. Esa imagen nos la enseñan los platós de Hoollywood y determinados libros de autoayuda. Perseguimos esa imagen con todo nuestro ahínco sin alcanzarla nunca ¿Y por qué no la alcanzamos? precisamente por eso, porque es una imagen mental no una realidad.
Si deseamos transformarnos, hemos de partir desde lo que somos y no desde una imagen que nos han metido (padres, maestros, TV, cultura,…) sobre cómo hemos de ser. Nos encontramos en constante búsqueda, sin darnos cuenta de que lo que buscamos es el ser nosotros mismos. Nuestro verdadero ser. Que de tanto amoldarnos a lo que los demás querían que fuésemos, hemos terminado por olvidado.
Amarse a uno mismo, tiene mucho de OTORGARSE DERECHOS. Y el primer derecho que hemos de otorgarnos, es el de ser como somos ahora mismo, en este día, en este instante. ¿Quieres quererte? Comienza por DATE EL DERECHO DE SER COMO ERES: con tus defectos y virtudes, miedos y certezas, esperanzas y desesperanzas. Date ese derecho porque todo ello en su conjunto eres tú. Date el derecho a tener miedo, defectos y desesperanzas. Date ese derecho porque si no te lo concedes, entrarás en una guerra contra ti mismo donde tú interior es campo de batalla. Y esa guerra querido amigo, querida amiga, no la puedes ganar porque todos los soldados son tuyos ¿Cuántas veces has luchado contra ti mismo? Seguro que muchas ¿Y cuántas veces has ganado? Párate y plantéate esa pregunta.
Fíjate cómo quien está en guerra contra si mismo no se ama. Le es imposible hacerlo precisamente porque está en guerra, dado que quien participa en una guerra no ama al contrario. Y ese “contrario” eres tú. Así que no es que al no amarte te atacas, sino que debido a que te atacas no te amas. 
¿Quieres amarte? ¿Buscas dejarte en paz de una vez? Comienza por concederte el derecho de ser como eres. Date el derecho a ser dependiente, de huir, rechazar,  controlar,… porque es éso lo que estás haciendo. Como decía antes, partamos de la realidad ¡¡Pero ojo!! Eso no quiere decir que nos abandonemos a la deriva de esas actitudes, sino que en el camino de sanación de todo ello, no nos castiguemos por ser así. Y para hacerlo, comienza por poco. Comienza por permitirte pequeñas de esas actitudes para ir progresivamente expandiendo ese permiso. De esa manera descubrirás que cuanto más te permitas ser como eres… menos miedos, culpas, desesperanzas, control, rechazo y huidas experimentarás. Pues quien tiene permiso de algo, no se enfrenta a nada. No te enfrentas a ti mismo. Y si no te enfrentas, no hay guerra. Y la consecuencia de la no guerra, es la paz. 
Éste es uno de los grandes pasos que nos llevan a la aceptación, el darnos el permiso para ser como somos, de sentir lo que sentimos, de actuar como actuamos. Permiso para que durante un tiempo indeterminado mientras vamos sanando, sigamos haciendo lo mismo. Se trata de un dejarnos en paz mientras hacemos todo lo necesario para dejar de huir, controlar, depender,…
Fíjate dónde te sitúa el darte permiso para ser como eres, y dónde te sitúa el no dártelo mientras vas sanando ¿El no dártelo te ayuda a sanar? ¿Te es útil? Date cuenta de la inutilidad de la lucha Y DÉJATE EN PAZ. La paz que buscas no está en la guerra contra ti mismo, está la ausencia de ella.