Observa tu trayectoria vital desde tu infancia hasta la actualidad. Observa cómo cada acontecimiento, cada suceso y persona han estado enseñándote. Cómo te mostró algo de ti mismo o de la vida y que no sabías. Puede que ya no recuerdes muchas de esas situaciones, incluso que carezcan de importancia hoy en día, pero lo que sí quedó en ti fue lo que ésas situaciones te hicieron crecer como persona. Por lo que al fin y al cabo… los sucesos carece de importancia, lo verdaderamente trascendente es QUÉ ES LO QUE NOS ENSEÑA. La situación vivida es sólo el medio a través del cual crecemos. Y ése crecimiento es lo que perdura en nosotros el resto de la vida. Es como cuando leemos un libro que nos aporta algo positivo, las hojas de papel y la tinta que hay impresa en ellas no es lo importante, sino lo que ésas palabras te dijeron de forma íntima y personal.
Por todo ello carece de sentido preocuparnos por tal o cual situación, lo más sabio es ocuparnos de ella con apertura hacia qué es lo que ha de enseñarnos. De esa manera dejaremos de resistirnos a la vida, a sus enseñanzas y a nuestro propio crecimiento vital. Solemos afrontar los acontecimientos con miedo por el “qué pasará” o “qué me pasará”. Y al final, al cabo del tiempo, descubrimos que lo único que pasó es que ésa situación trató de mostrarnos algo. Por lo que si nos situamos en las enseñanzas de la vida, vamos a favor de ella, no contra ella. Vamos a favor nuestra, no contra nuestra propia evolución.
Ese miedo al “qué pasará” o “qué nos pasará” nos hace atrincherarnos, quedarnos estáticos, a no dar pasos. Quedarnos encerrados en una situación por miedo a no ser capaces de afrontar lo que nos viene a continuación en la vida. Ante ello la vida, que es una gran pedagoga, nos repite la misma lección una y otra vez, trayéndonos siempre la misma situación. Como ese maestro de escuela que cuando el alumno no entiende una lección, con una paciencia infinita se la vuelve a repetir. Es por ello que cuando notamos que en la vida siempre se nos repite lo mismo… la pregunta a plantearse es ¿qué no estoy aprendiendo de éso que siempre se repite? ¿Qué es lo que me quiere decir una y otra vez la misma situación?
Aprender de los acontecimientos de la vida se nos hace duro tanto en cuanto nos resistimos al cambio, llegando en ocasiones a sufrir enormemente por ello. Y de lo que no nos damos cuenta, es que no podremos aprender lo que nos quiere decir la vida mientras estemos situados en la resistencia, pues estamos tan ocupados defendiéndonos de nuestro propio sentir que nos nos queda capacidad para nada más.
Pero hay una actitud que si poco a poco vamos cultivándola, nos ayuda a realizar ese tránsito de la resistencia a la apertura: ¿CÓMO PODRÍA VIVIR ESTA ETAPA DE MI VIDA DESDE LA SABIDURÍA? ¿CÓMO PODRÍA APROVECHARLA A MI FAVOR? Cada uno ha de encontrar en su interior sus propias respuestas. Mi respuesta, por si a alguien puede ayudarle, es poniendo el foco en lo que la vida ha de mostrarme y no en rechazar el miedo. Sé que no es fácil no poner el foco en el miedo, lo sé por propia experiencia personal. Que se trata de todo un proceso que necesita de mucha práctica. Pero la experiencia también me dice que ése aprender a no poner el foco en rechazar el miedo, es precisamente otra de las lecciones de la vida. Y que ésta nos la trae una y otra vez hasta que aprendamos a desdramatizar el propio miedo. Que cada vez que lo sentimos, la vida nos está ofreciendo una nueva oportunidad para que aprendamos hacerlo ¿Y cómo desdramatizar el miedo? Dándote cuenta de que se trata sólo de una emoción que cuanto más la rechaces más fuerte se hará. Y para llegar ahí has de ir hacia aquellas situaciones donde sientes el miedo, cuantas veces sean necesarias, hasta darte precisamente cuenta de ello.  Pero no ir hacia ellas con la intención de que el miedo se marche, pues ello sería una forma implícita de lucha, sino con la intención de apreHender aquello que necesitas para continuar creciendo y haciendo tu vida.