Me llegó la ansiedad y mi familia, amigos, conocidos no entendían lo que me pasaba. Comencé a poner miles de excusas para todo como en un intento de ganar tiempo, a ver si mientras tanto conseguía aclararme y sobre todo encontrar una solución. Los demás no entendían qué me pasaba ¡pero es que yo tampoco! Y en cambio sí que les exigía que me entendieran. Así transcurrieron varios años. Llegó un momento en el que pasé de dar o inventar explicaciones y sencillamente guardar silencio. Y en ese guardar también me quedé dentro el reproche hacia los demás de que no me entendiesen. Eso me hacía daño. Con el tiempo comprendí que era injusto por mi parte recriminarles nada. Si ni yo mismo era capaz de entenderme… ¿qué hacía exigiéndoselo a los demás? No era justo. Aunque en el fondo mi exigencia era un grito de ayuda.
Los demás no es que fuesen tontos. No es que fuesen malos. No querían hacerme daño. Es que NO PODÍAN entenderme. Es que no lo veían. Hay situaciones en la vida que sólo puedes entenderlas si pasas por ellas. Y la ansiedad tiene mucho de eso. Tampoco es justo decir que sólo los que hemos pasado por esto somos capaces de entenderlo, ya que no podemos generalizar. Hay personas y profesionales que sí tienen esa capacidad y ello igualmente hay que reconocerlo. Ciertamente hay otras que no son tan abiertas, pero incluso ello tampoco es culpa suya pues nadie no entiende a otra persona de manera intencionada. Al igual que nosotros no somos culpables de no entender otras situaciones que otras personas sí entienden… a los demás les ocurre lo mismo.
¿Que nos gustaría que nos entendiesen? ¡Por supuesto! Todo ser humano que lo pasa mal desea que quienes tiene a su alrededor lo apoyen de la mejor manera posible. Pero si ése no es tu caso, al igual que fue el mio, lo único que nos libera de ése sufrimiento en concreto es la comprensión. Así que en el fondo no es cuestión de culpar, recriminar o exigir, pues ello a lo único que nos conduce es a almacenar más tensión. Es cuestión de COMPRENDER. La comprensión siempre nos lleva a la paz, que es precisamente lo que más necesitamos cuando tenemos ansiedad.
Te mando un inmenso abrazo.