Independientemente de que se tenga ansiedad o no, a muchísimas personas les ocurre, estamos más pendientes de lo negativo que de lo positivo. Prestamos más atención a todo lo que nos pudiera ocasionar un daño que a aquellos aspectos que son beneficiosos. Es como si tuviésemos unas “gafas mentales” que filtraran la realidad que vemos, pendientes de los peligros tanto físicos como emocionales. De esa manera no podemos descansar, pues permanecemos en un estado de alerta y de desconfianza ante uno mismo y ante la vida.
Pero ¿por qué nos ocurre eso? Hemos de tener en cuenta algo muy básico. El ser humano, desde la prehistoria hasta no hace mucho, ha sido un “animal depredable”. Es decir, había otros animales en este planeta que nos podía comer o hacer daño. Por lo que nuestro principal objetivo durante millones de años, al igual que el resto de las especies, ha sido LA SUPERVIVENCIA.  Así que nuestro cuerpo y cerebro se encuentran perfectamente diseñados para tal tarea. Hoy en día, el ser humano como especie, ha conseguido dominar al resto de animales, así que nuestras aspiraciones han girado a lograr el bienestar y la felicidad. Pero en cambio, hemos heredado un cerebro diseñado para la supervivencia, orientado más hacia el estado de alerta que al del bienestar.  Por eso existe, entre otras razones, cierta tendencia a focalizarnos más en las situaciones negativas que en las positivas, ya que las negativas están más asociadas al peligro. Nuestro sistema de alerta está muy desarrollado y no podemos desactivarlo de forma voluntaria ya que se trata de un acto reflejo. Cierto es que en nuestros días no solemos andar pendientes de si nos come un cocodrilo por la calle, pero hay otro tipo de situaciones que las identificamos igualmente como peligrosas. Por ejemplo, si los demás me rechazan, me veo fuera del grupo lo cual instintivamente lo tenemos asociado igualmente a la supervivencia, ya que el grupo protege. Por lo que seguimos atentos y en actitud de predicción de cualquier peligro físico, emocional o social, no vaya a ser que nos pase algo. 
Ante todo ello pareciese que estuviésemos condenados biológicamente a permanecer en estado de alerta. Pero ni mucho menos es así. Prueba de ello es que multitud de terapias psicológicas y la práctica del Mindfulness han demostrado revertir esa tendencia así como las influencias educacionales, vivenciales y culturales que la refuerzan. 
Así que cuando te juzgas como una persona negativa, date cuenta de que no es culpa tuya. De que viniste a este mundo con un cerebro que posee un mecanismo de alerta muy engrasado, además de la influencia de tu trayectoria familiar, ambiental y vital. Por lo que ese juicio no es justo. No es adecuado. No es real. No a lugar. Pues tú no elegiste tener miedo ni estar todo el día pendiente de cosas negativas. Detente. Párate el tiempo que necesites (horas, días, semanas) hasta poder SENTIR TU INOCENCIA. No es culpa tuya. Y en el fondo no lo es de nadie. Tú y todos tenemos el gran anhelo de ser felices y fíjate cómo toooodo lo que has hecho en esta vida ha sido buscando esa felicidad. Detente. Observa tu inocencia. Y desde esa plataforma date cuenta de que dispones de más energía para ir centrándote en las soluciones, no en el problema. Es decir, OCÚPATE, NO TE PRE-OCUPES. Ocúpate buscando un buen psicólogo que te ayude, un buen maestro de Mindfulness, practicando deporte, hobbies, ordenando y limpiando tu casa, haciendo todo aquello que te haga bien… HOY. Sí, hoy. Pues el presente es el único momento del que dispones para cuidarte y darte aquello que te aporte un beneficio. 
OCÚPATE HOY DE TI pues el hecho de que te pre-ocupes no quiere decir que estés haciendo algo bueno por ti ni por los tuyos. Ocupándote de ti te irás dando cuenta de que la vida y tú tenéis más cosas positivas que negativas. Una buena práctica que también nos ayuda a tomar conciencia de ello, es la de realizar un balance al final del día. Antes de acostarte, pon en un platillo de la balanza, aquellos buenos actos que hiciste por ti y por los demás que simbolizaremos con piedras blancas. Ducharme, ponerme guapo/a, ordenar mi cuarto, prepararme una comida sana, llamar al psicólogo, practicar deporte, hobbies, practicar relajación, Mindfulness, ayudar o cuidar a un familiar, consolar o hacer reír a alguien, estudiar, leer un buen libro que enriquezca, pedirle perdón o darle las gracias a esa persona,… todo eso son piedras blancas. Sé objetivo y repasa tu día momento a momento detectando todos aquellos buenos actos. En el otro platillo ponemos las piedras negras, aquellos actos que no benefició ni a nosotros ni a los demás. Si eres objetivo, te darás cuenta de cómo la balanza se inclina hacia las blancas. Y si no lo hace, OCÚPATE instante a instante a lo largo del día de que lo haga, en lugar de estar preocupado de que lo esté hacia las negras. De esa manera, ocupándote, al llegar la noche podrás sentirte orgulloso de ti, irás adquiriendo confianza y conciencia de la capacidad que tienes para ir transformando tu vida. Y para que las piedras blancas sean más, no hace falta hacer grandes heroicidades, no se trata de eso. Se trata de un gota a gota, de ir haciendo simple y llanamente lo que toca en cada momento, centrándote así también en el aquí y en el ahora. 

OCÚPATE DE TU PRESENTE

Y SOLTARÁS

LA PRE-OCUPACIÓN POR EL FUTURO.

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