El concepto que tengamos del trabajo puede ser una importante fuente de ansiedad que, como todo en la vida, depende de la actitud que tengamos ante él. Y para ello la primera pregunta que hemos de hacernos es “¿vivo para trabajar o trabajo para vivir?”

No es lo mismo ir a trabajar desde el miedo que desde el amor a uno mismo. Desde el miedo a ser despedido y pasar hambre, miedo a ser un fracasado si no doy la talla, a ser un “don nadie”, a no saber quién eres si no eres un excelente trabajador,… Que hacerlo desde el amor a uno mismo, porque el trabajo me da independencia, me permite cubrir mis necesidades, disfrutar de algunos placeres, relacionarme con otras personas, me hace de espejo,… En definitiva y a modo ilustrativo, no es lo mismo ir a trabajar por miedo a pasar hambre, que para disfrutar de la comida que gano. Se tratan de dos actitudes distintas que nos sitúan en dos planos muy diferentes. Si voy a trabajar desde el miedo, mi ansiedad será mucho mayor. Si voy a trabajar desde el amor a uno mismo será bastante más baja. Además, si lo que te preocupa es la subsistencia, fíjate cómo en ambas actitudes el dinero que vas a ganar va a ser el mismo, así que mira a ver bajo qué actitud te sientes mejor.

Conozco a muchas personas que vivían para trabajar y la ansiedad les frenó en seco. Yo fui una de ellas y desde esa experiencia escribo este artículo. Tuve que aprender que no había venido a este mundo para ser productivo, sino para aprender a quererme y querer a los demás. Que lo importante de esta vida no es cuánto produzcas, sino cuánto ames. Y en ese amor que hemos de tenernos, no cabe el concebirme cual máquina de trabajo. Por favor tratémonos a nosotros mismos como humanos ¡Humanicémonos!

Si vivimos para trabajar confundimos el “hacer” con el “ser”. Si hago mucho y bien soy fantástico, maravilloso y los demás me querrán, respetarán, aceptarán, admirarán,… y mi ego se inflará cual globo que sube a la estratosfera. Lo sé porque yo era así.  Cuando en verdad si hago mucho lo único que hago es perderme la vida, persiguiendo alcanzar esa estratosfera que al llegar a ella descubres que allí no está lo que buscabas. 

Hay muchos trabajos que conllevan un fuerte estrés, como puede ser la hostelería o cargos de alta responsabilidad. Pero una cosa es la presión que nos viene de fuera y otra muy distinta la que nosotros mismos nos imprimimos de piel hacia dentro. Si aprendemos a disminuir esta última… la exterior es mucho más llevadera.

Hay además jefes que son auténticos explotadores y que tratan a sus trabajadores cual esclavos, siendo ello causa de ansiedad en muchas personas. Pero ¿sabes cuál es el peor jefe? El que llevamos dentro. Ese “sargento interior” que nos dice “si no eres el mejor eres el peor” “¡Trabaja vago!” “Tienes que… debes de…” Si conseguimos disminuir el volumen de ese sargento… el jefe exterior es igualmente más llevadero.

Sé que cuando se tiene ansiedad, surge en nosotros una fuerte sensación de que a causa de ella nos estamos perdiendo la vida. Pero en muchos casos la ansiedad viene a frenarnos para que aprendamos a recuperarla.