Existe un tipo de miedo que aunque no sea inicialmente intenso, sí que se va acumulando poco a poco si no le damos verdadero cauce. Y es el miedo a los inevitables cambios que la vida nos expone. Todo es movimiento, transformación y evolución. Inclusive en la naturaleza nada es estático. Y nosotros estamos dentro de esa corriente de evolución que es la propia vida. Para que dichos cambios puedan darse, todo ha de colocarse en su lugar para así poder fluir.  A veces se trata de un giro sencillo, pero otras se trata de girar completamente. Y es entonces cuando aparece el miedo, pues sientes cómo una parte de ti ha de ser soltada. Que durante mucho tiempo la creías ahí estable y permanente, pero que con el paso del tiempo has visto que ya no encaja en tu vida. Y es entonces cuando has de poner un fin para que tu vida pueda tener un nuevo principio. Para que lo viejo sea soltado y lo nuevo surgido pueda creer. Por eso es importante cambiar desde el “quiero”, no desde el “debo” o “tengo que”, ya que éstos últimos implican una lucha contra nosotros mismos y por lo tanto contra la vida.
Esos cambios de los que hablo, no pueden ir en contra de nuestro propio sentir. No pueden ir contra nuestro corazón sino a favor suyo. Ahí es cuando notamos que la vida fluye, cuando estamos en armonía con nuestros sueños y en coherencia interna. Dicha coherencia se produce cuando alimeamos nuestros sentimientos, pensamientos y acciones. Si alguna de esas variables está en disonancia con las demás, se bloquea nuestro propio fluir interior y por lo tanto el de la vida.
Como decía, en ocasiones el cambio es tan grande que te sientes como al filo del abismo, ya que lo conocido nos proporciona seguridad. Y eso es porque nuestro ego vive en la memoria. En lo que parece que controlamos, aunque en verdad no controlamos nada. Por eso el ego siempre está en contra de los cambios, a favor de que todo siga igual. Ahí lo que nos toca es aprender a soltarnos de la memora, soltar el control, pues nada puede fluir desde “la atadura”. Eso sería como tratar de avanzar pisando el freno. Queremos avanzar, sentimos que lo necesitamos, pero a la vez nos encontramos pisando el freno. Es decir, queremos avanzar desde el miedo y eso es autoengañarnos. Primero porque se avanza desde la confianza, no desde el mido. Y segundo nos autoengañamos porque hacemos como que avanzamos, pero en el fondo no queremos abandonar lo conocido.
Ante eso me pregunto ¿qué es lo que quiero? ¿Evolucionar o sólo busco sensaciones? ¿Alivio o sanación?  Date cuenta de cómo en muchas ocasiones, tratamos de “nadar y guardar la ropa”, con lo cual ahí lo que estamos haciendo es autoengañarnos de nuevo. Haciendo que nado para aliviar mi ánsia de cambio, pero a la vez sin soltar la ropa. Y así no podemos entrar en la corriente del río de la vida. Y lo que no fluye se estanca.
Así mismo es importante saber exáctamente a qué nos referimos con eso de “cambiar o transformarnos”. Durante mucho tiempo creí que las transformaciones eran exteriores. Cambiar de trabajo, vivienda, pareja, auto, ciudad,… Pero con el tiempo descubrí que la verdadera transformación se produce en el aprehendizaje de esa confianza y de ese soltar. Lo demás… el trabajo, la pareja,… la ciudad… es sólo el contexto en el que se produce el aprendizaje. De la misma menera que el aula del colegio no es el contenido que en ella se imparte, sino el lugar en el que acontece. Jamás confundamos el aula con el contenido, ya que ahí lo que estamos haciendo es modificar la decoración del aula creyendo que ése es el cambio. Cuando en verdad se trata de un cambio interno para que lo externo pueda darse.  Primero es SER lo que quieres, porque según eres así HACES y según haces así TIENES U OBTIENES.  Si yo quiero un trabajo que me proporcione libertad ¿cómo lo voy a conseguir si me encuentro en la prisión del miedo? Primero he de ser “el Rafa” de ese nuevo trabajo, ya que “el Rafa” del miedo no podrá hacer los cambios necesarios que lleven a obtenerlo. Es decir, aún no se ajusta a él.
Como decía, el verdadero cambio es siempre interior, lo demás… vendrá por añadidura, las piezas de la vida se ajustarán a ese nuevo SER. Y de esa manera, el miedo a los cambios de la vida serán menores.