EJERCICIO 1 – POR LA MAÑANA

Al abrir los ojos, toma conciencia de la posición de tu cuerpo, percibe el roce de tu piel con las sábanas y el calor que hay bajo ellas. Una vez que te hayas percatado de todo ello, observa durante unos instantes cómo el aire roza tus fosas nasales al respirar. Cómo el aire es más frío al entrar, más cálido al salir. Concede toda tu atención a lo que estás haciendo en cada instante. Éso es meditación. Sé consciente de cada movimiento que has de realizar para levantarte de la cama. Cómo primero mueves tu brazo para apartar las mantas, cómo los músculos del abdomen y del cuello actúan para levantar tu tronco y cabeza a la vez que mueves la pierna para sentarte finalmente sobre la cama. Una vez sentado, percibe el peso de tu cuerpo sobre tus glúteos y el tacto de tus pies deslizándose al introducirlos en las zapatillas. Meditar es hacernos conscientes de lo que está sucediendo, así que concede tu atención a lo que haces en cada instante.
Ahora en esa posición, toma conciencia del día que tienes por delante y haz un compromiso contigo mismo de vivir de manera consciente cada instante y sobre todo a ser compasivo y comprensivo contigo mismo. A continuación, camina hacia el baño.
Tanto si te lavas la cara o te duchas, hazte consciente de cómo el agua ha viajado desde las montañas o desde las profundidades de la tierra hasta tu grifo. Da las gracias por ello y siéntete afortunado. Éso también es meditar. Enfoca tu atención en cómo tu piel percibe la temperatura del agua y cómo recorre tu cara o cuerpo. Cómo tus manos masajean tu cuerpo. Siente el agua recorriendo cada centímetro de tu piel limpiándola. Deja que el agua te despierte y percibe cómo la somnolencia va quedando poco a poco atrás. Meditar es desarrollar la capacidad de reconocer lo que está ocurriendo en cada instante. Fíjate cómo todo ello ocurre mientras te lavas la cara o te duchas.  Toma conciencia de cada movimiento que hagas. ¿Qué estás mirando? ¿Qué estás tocando? ¿Qué estás oliendo? ¿Qué estás escuchando? Habita tu momento presente llevando tu atención a la realidad de cada instante. No juzgues, no analices, no etiquetes nada. Simplemente siente lo que tus sentidos te están transmitiendo. Quédate en ellos. Aterriza en tus sentidos y toma conciencia de lo que haces y ocurre.
Percibe el tacto de la toalla sobre tu piel al secarte la cara o el cuerpo, cómo éste queda más despejado tras haber pasado el agua por él.
A la hora de vestirte, sé consciente de cada movimiento que has de realizar y nota el roce de la ropa, la textura del tejido, su color,… ¿a qué huele? Toma conciencia de todas las personas que han hecho posible que tu ropa, en este instante, llegue hasta tu cuerpo. Cómo el agricultor cultivó el algodón o los obreros hicieron las fibras sintéticas en la fábrica. Las personas que transportaron tu ropa, los dependientes de la tienda en la que lo compraste,… Hazte consciente de esa cadena de acontecimientos y personas que han hecho posible que tú, ahora mismo, tengas esa ropa para vestirte. Da las gracias por ello y siéntete agradecido. No fuerces nada, ni tan siquiera fuerces la concentración, no quieras no distraerte, simplemente si te distraes de tu presente regresa a lo que estás haciendo con cariño, dulzura y naturalidad.
Esto que acabamos de hacer, podemos realizarlo mientras nos cepillamos los dientes, nos afeitamos, maquillamos,… no hay un solo instante que no pueda ser meditado.
¿Qué tal si desayunamos? Vamos a ello.
Proyecta tu conciencia a la hora de preparar el desayuno. Café, té, cacao, cereales, tostadas,… ¿qué aspecto tienen? ¿a qué huelen? Quédate aquí, quédate en el ahora, donde todo está ocurriendo. Observa cada movimiento que hayas de realizar para prepararte el desayuno, qué instrumentos de cocina utilizas, cómo vas de un lado para otro,…  Una vez preparado toma asiento. Sé consciente de la postura de tu cuerpo sobre la silla y a continuación lleva tu atención al interior de tu boca. Quédate ahí, en lo que estás haciendo, en tomar tu desayuno. Siente el sabor de los alimentos en tu boca, su textura, cómo va cambiando de forma conforme vas masticando, el movimiento de tu mandíbula,… Y sobre todo muy importante: disfruta de tu desayuno. Toma conciencia de todas las personas que han hecho posible que esos alimentos lleguen a tu mesa, desde el agricultor, hasta el dependiente del comercio. Da las gracias por ello y siéntete afortunado.

 

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