EJERCICIO 4 – CAMINAR CONSCIENTE

Meditar es saber lo que estamos haciendo. Hacemos miles de cosas a lo largo del día y de muy poquitas de ellas somos realmente conscientes. Solemos entrar en una especie de “piloto automático” sin que no haya nadie ahí para enterarse de ese flujo de pensamientos y reacciones. Meditar es precisamente ponernos ahí, ponernos en el aquí y en el ahora para tomar posesión del momento presente, que en el fondo es tomar posesión de la vida y de nosotros mismos.
Una de las meditaciones más potentes que pueden realizarse es caminar conscientemente.  ¿Cuántos pasos das a lo largo del día? ¿En cuántos de ellos has estado? Caminamos de la misma manera que andamos por la vida: sin enterarnos.  Un paseo meditativo puede llegar altamente beneficioso para el cuerpo y la mente.
¿Cómo se medita caminando?
Toma conciencia de la presión de tu peso sobre la planta de tus pies al caminar, el movimiento de los tobillos,  rodillas, de las piernas en su conjunto. Cómo el resto del cuerpo se acompasa para que puedas desplazarte en el espacio. Cómo tus músculos se calientan y vivifican conforme vas caminando. Percibe el roce del aire en tu piel mientras te vas desplazando. El roce de la ropa que va tocando tu cuerpo en distintos momentos. Hazte consciente de cada paso que das, de cada movimiento que realizas. Quédate ahí, en tu caminar. Quédate aquí, con tu cuerpo. Si tu mente está en el mismo lugar y en el mismo momento que tu cuerpo, no está ni en el pasado ni en el futuro. Enfoca tu atención a todo cuanto sientas y hagas mientras caminas. Y sobre todo no te olvides de una cosa: DISFRUTA del paseo. Éso es lo más importante.  Si pones tu conciencia en el caminar ¡estás meditando! Fíjate cómo puedes hacerlo en cualquier instante del día en el que estés andando. Cada paso que des de manera consciente, estás liberando a tu cuerpo de tensión y por lo tanto generando bienestar en ti. De esta manera también podrás experimentar la solidez del presente y entrar en tu refugio (Ejercicio 3).
Al realizar el caminar consciente, habrás momentos en los que te distraerás. En los que desconectes del andar y te marches con pensamientos, sentimientos y emociones a lugares y momentos imaginarios que nada tienen que ver con tu más pura realidad. Es normal que así sea. Con toda naturalidad, con toda comprensión, regresa de nuevo a depositar tu atención en el movimiento de tu cuerpo al caminar. Regresa miles de veces. Que no te de coraje cuando te des cuenta de que te has distraido, al contrario, celébralo. pues cada distracción es una oportunidad de ejercitar el regreso al presente. Y es ahí, en ese regresar, donde sí que estamos potenciando nuestra capacidad de enfocar nuestra atención en lo real y no en lo ficticio. No fuerces nada. No fuerces tu concentración. Simplemente ¿me he distraído? regreso ¿Me he distraído? regreso. Así de simple.
Tengo agorafobia. Me cuesta mucho salir a la calle ¿Cómo puedo practicar esta meditación?
¡Claro que puedes! Y además mi experiencia personal me dice que es especialmente beneficiosa si estás en esa situación. Comienza a practicar el caminar consciente dentro de casa, cuando vas a la cocina, al cuarto de baño, de una habitación a otra, cuando limpias, ordenas,… hazte consciente de los movimientos de tu cuerpo mientras se desplaza tal y como se ha explicado anteriormente. Ve acostumbrándote a centrar tu atención en el caminar. Y ese enfoque de atención, puedes hacerlo de igual manera cuando salimos a la calle. Así lo hacía yo. Conectando con mis cinco sentidos. En esta meditación el sentido más implicado es el tacto, en los pies y en la piel, además de la toma de conciencia de los movimientos. Que tu mente siga los movimientos de tus piernas. Quédate ahí, en ellas ¿Que te viene un mal pensamiento? ¿Una mala sensación? Pues al igual que haces en casa cuando te distraes, regresa con naturalidad, comprensión y ternura hacia ti a depositar tu conciencia en el caminar. Esto requiere práctica, mucha práctica. La meditación no es una pastilla rápida, pero sí que es un camino muy seguro a medio y largo plazo.
Hay algo que me gustaría dejar claro. Estos ejercicios no son magia, no esperes que al hacerlos vayas a dejar de sentir emociones negativas NI LOS HAGAS PARA ESO. Son para practicarlos una y otra vez para desarrollar en nosotros actitudes que favorecen la calma y la serenidad. Fíjate cómo. Si no me juzgo al distraerme, estoy practicando el no juzgarme. Si no me enfado al distraerme, estoy practicando la paciencia conmigo mismo. Si acepto que me distraigo, estoy practicando la aceptación. Si confío en que me voy a dar cuenta de cuándo estoy distraído y en lo que mis sentidos me muestran, estoy practicando la confianza. Si al darme cuenta de que me he distraído suelto el pensamiento en el que estaba y regreso al presente, estoy practicando el soltar pensamientos ¿¡LO VES!? ¿¡TE DAS CUENTA!? ¿VES TODO LO QUE ESTÁS PRACTICANDO REALIZANDO ESTOS EJERCICIOS? Así que por favor, no los utilices para no sentir miedo o ansiedad porque no lo vas a conseguir porque no son para eso. Utilízalos para ganar en bienestar, en paz y serenidad ¡que es muy distinto! Practícalos como un acto de amor hacia ti. De esa manera, al hacer cosas buenas por ti, también estarás desarrollando la capacidad de quererte.
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