EJERCICIO 5 – Comer con conciencia

El momento de la comida podemos igualmente utilizarlo para desarrollar nuestra capacidad de permanecer en el aquí y ahora. Pero no sólo eso, sino que el comer conscientemente tiene un beneficio añadido para aquellas personas que comen por ansiedad. Hecho este que se está extendiendo en nuestra sociedad y que está produciendo problemas de obesidad y sobrepeso. Suele tratarse de un “hambre emocional”, no físico, que busca un alivio inmediato de necesidades emocionales a través de la comida. Y como no es forma de satisfacerlas, pero sentimos cierto alivio momentáneo, el comer se vuelve imparable. Pero si te fijas… en el fondo… ¿la comida soluciona nuestro sentir? ¿elimina la ansiedad de nuestras vidas? ¿Te has dado cuenta de que por mucho que comas la ansiedad sigue ahí? 
Aprovechemos la experiencia en nuestro beneficio y tomemos verdadera conciencia de que LA SOLUCIÓN A LA ANSIEDAD NO PASA POR LA COMIDA. Esto lo saben muy bien los budistas desde hace miles de años, los cuales practican la meditación mientras comen. Y el presente ejercicio está dirigido precisamente a ello. A poner la conciencia en el acto de comer para no hacerlo en “piloto automático”, poniendo en juego nuestros cinco sentidos sobre todo el gusto ¿Por qué esto funciona contra el hambre emocional? Porque meditar es precisamente poner conciencia en lo que hacemos, lo cual es justo lo contrario a comer inconscientemente. Además el comer con conciencia hace que también lo hagamos más despacio, lo cual da tiempo a tu estómago a mandar la señal a tu cerebro de que está saciado, de que no necesitas más comida. 
Antes de nada, es necesario saber cuándo tenemos hambre emocional y cuándo es fisiológica, porque el distinguirlas hace precisamente que aumente nuestra conciencia de qué es lo que estamos sintiendo. Meditar es también saber lo que estamos sintiendo. El hambre emocional tiene un carácter urgente, hemos de comer ya de ya, el sentir el estómago lleno no basta para parar de comer y después nos sentimos culpables o tristes. La fisiológica es un hambre que va apareciendo poco a poco, al estar llenos paramos de comer y no nos produce sentimientos negativos. 
Como decía al principio, el momento de la comida es también una magnífica oportunidad de estar en el presente. Así que… ¿qué tal si aderezamos nuestros alimentos con conciencia? ¡Vamos a ello!
Para comer con conciencia es necesario hacerlo con pequeñas cantidades de comida, así que no llenes el plato para meditar. En primer lugar observa los alimentos. Qué colores tienen, cuáles son sus formas, su brillo, si puedes tocarlos qué te dicen las yemas de tus dedos sobre esa comida ¿Qué textura tiene? ¿Es líquido? ¿Sólido?  Ahora detecta qué te dice tu olfato sobre esa comida ¿A qué huele? ¿Es ahumado? ¿Frutal? ¿Refrescante?… ¿Cómo es ese olor? No juzgues, no etiquetes, sólo toma conciencia de qué detectan tus sentidos.  Toma una pequeña porción o cucharada y acércatelo a la boca, pero antes de introducirtela, mira a ver si ya cerca de los labios detectas cierto sabor, cómo el olor se intensifica y cuál es su temperatura. Toma conciencia de todo ello, son sensaciones que te pierdes si no estás atento a ellas. Quédate aquí, quédate en el ahora. Comer es lo que estás haciendo, así que pon atención plena en ello. A continuación introduce la comida en tu boca pero no comiences a masticar inmediatamente. Déjala unos instantes en su interior y mira a ver qué es lo que estás sintiendo ahí. Qué sensaciones se producen. Cómo el sabor se va desplegando por tu lengua y paladar ¿A qué sabe? ¿Es dulce? ¿Salado? ¿Ácido? ¿Amargo? ¿Picante? La intensidad de ese sabor o sabores… Observa cómo al hacerlo, tus glándulas salivares comienzan a generar saliva. Toma conciencia de la temperatura que tiene esa comida ¿Es fría? ¿Caliente? ¿Templada? Puedes pararte también a darte cuenta del espacio que ocupa esa porción en el interior de tu boca. Seguidamente comienza a masticar, despacio, sin prisa. Toma conciencia sobre cómo el sabor se intensifica mientras masticas y va cambiando conforme lo haces ¿Aparecen sabores nuevos? Sé consciente de cuándo éstos aparecen ¿Cómo es la textura que sientes? ¿Es húmeda? ¿Seca? ¿Jugosa?… quédate ahí, instante a instante, siendo consciente de todo ese proceso, siendo el testigo de lo que se está produciendo en el interior de tu boca. No tengas prisa. Toma conciencia momento a momento de todas y cada una de las sensaciones que vas sintiendo en el natural acto de comer. Sin analizar, sin juzgar ni etiquetar. No añadas pensamientos a esa comida. Se trata de sentir lo que estás sintiendo. Cuando la comida esté lista para ser tragada, no lo hagas de manera inconsciente, no lo hagas sin darte cuenta de ello, sino que toma conciencia de cuándo lo estás haciendo, despacio, sin prisa, percibe cómo la comida desaparece de tu boca y entra en la faringe. Inclusive puedes hacerle el seguimiento mientras va bajando por el esófago hasta llegar al estómago. 
Al finalizar, no te olvides de dar las gracias a todas aquellas personas que han hecho posible que ese bocado llegue hasta tu estómago. Desde el agricultor hasta de dependiente de la tienda. Gracias a ellas ese alimento ha llegado hasta ti. Así que interiormente haz un sencillo pero sentido acto de agradecimiento.
Recuerda la instrucción básica de la meditación y que ya habrás practicado en los ejercicios anteriores: ¿me distraigo? regreso ¿Me distraigo? regreso ¿Me distraigo? regreso. Sí, lo sé, soy un pesado recordándolo, pero es que es importantísimo hacerlo.  Mil veces regresa a tu presente, a tu aquí, a tu ahora, al interior de tu boca con una comprensión infinita y cariñosa tomando así posesión del presente. 
Al leer esto habrá quien habrá pensado “así voy a tardar en comer una eternidad”. No tanto. Me explico. A la hora de comenzar a practicar esta meditación, hazlo con pequeñas porciones fuera de las comidas principales. Quizás una aceituna, almendra, uva  o una pequeña porción de cualquier alimento. Hazlo de esa manera para precisamente ir cogiendo práctica y sobre todo desarrollar nuestra atención a la hora de comer. Así mismo puedes ir haciéndolo en determinados momentos durante las comidas principales. De esa manera nuestra capacidad de depositar la atención en el momento de comer, se irá haciendo cada vez más ágil. No se trata de comer a cámara lenta, sino de darte el tiempo necesario para percibir lo que sientes dentro de la boca. 
También decir que el comer de esta manera, hace que con mucha menos cantidad de comida de lo habitual, te sacies mucho antes. De hecho se está aplicando este tipo de meditación a personas que necesitan adelgazar precisamente por eso, porque con menos comida la saciedad llega bastante antes. 
Así que ánimo y a practicar ¡que todo son beneficios! Haz algo bueno por ti y practícalo a diario, porque te lo mereces, porque siembras buenas causas que luego darán buenos frutos.
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