EJERCICIO 7 – ESCUCHA LA VIDA

Antes de realizar el presente ejercicio, repasa las siete actitudes del Mindfulness explicadas en la página Ejercicios para Vivir el Presente. Recuerda que esas actitudes no son sólo para aplicarlas a los ejercicios (que también), sino que son actitudes de vida extensibles a todos los instantes de nuestro día a día más cotidiano.
En cualquier momento del día, detente a escuchar los sonidos que te llegan, hazte consciente de todos y cada uno de ellos. Trata de que no se escape ninguno. No se trata de buscar sonidos, ni de concentrarte en uno, sino de ser consciente de aquellos que se producen. Desde los más altos hasta los casi inaudibles. No imagines de dónde proceden o qué los está produciendo. Sólo recógelos. Date cuenta de cómo aparecen y desaparecen, de los silencios que hay entre sonido y sonido. Estamos constantemente rodeados de sonidos y un altísimo porcentaje de ellos pasan desapercibidos. Quizá puede ser el suave sonido del viento, un pájaro, el tráfico, una música lejana, el ladrido de un perro, la voz de una persona a lo lejos… Deja que tus oídos te traigan al momento presente, a este momento, aquí y ahora. Si hay instantes en los que no escuchas nada, quédate atento escuchando el silencio, pero a la vez en estado de serena espera ante la aparición de un sonido. Acepta radicalmente cada uno de ellos, no quieras que no esté ninguno de los sonidos que percibes. Acoge con cariño y comprensión cada uno de ellos. Cuando desaparezcan, déjalos marchar, no quieras que permanezca por agradables que puedan ser, ni que se marchen por desagradables que pudieran ser. Fíjate cómo agradable y desagradable son sólo juicios, valoraciones que en verdad nada dicen de tu presente. Respeta el ritmo de aparición y desaparición que ante ti se te presenta a través de los sonidos.
Si te distraes, no pasa nada, regresa a tus oídos una y mil veces con atención plena para registrar qué te dicen, qué están recogiendo. Escucha con curiosidad, como si fuesen la primera vez que oyeras. No interpretes, imagines, juzgues o analices. Sólo sé el testigo neutro e imparcial que recoge los sonidos que hay a tu alrededor. Percíbelos puros, tal cual son. Sin querer que sean de otra manera pues ya son de una manera. Respeta su intensidad, tono, timbre y duración. No los “toques” con la mente mientras tú, interiormente, mantienes una actitud de confianza, aceptación, no forzar, no juzgar,… que son las actitudes que estás desarrollando en ti.
Poner atención plena a los sonidos es meditación. Estás meditando. Fíjate cómo no necesitas estar en ningún lugar especial, ni destinar un tiempo especial, ni comprarte un cojín del Tibet para meditar. Puedes hacerlo en cualquier lugar y momento del día. Simplemente necesitas tu intención de habitar el presente, tu atención y tus cinco sentidos. Ya está. Con eso estás practicando una de las técnicas más potentes aplicadas por la humanidad hace milenios para dejar que brote en nosotros calma y serenidad.
Este tipo de meditación nos ayuda especialmente a desarrollar una actitud abierta a recibir con aceptación y soltar sin apegos. Recibes y sueltas. Recibes y sueltas. Fíjate cómo al igual que los sonidos, en la vida continuamente estamos recibiendo situaciones que luego se marchan. Aquí estamos trabajando la aceptación cuando llegan y el soltar interior cuando se marchan. Y para que ello sea así, hemos de apoyarnos en el resto de actitudes del Mindfulness, no juzgar, confianza, paciencia,… ÉSO ES UNO DE LOS PILARES BÁSICOS QUE TRABAJAMOS MEDIANTE LA MEDITACIÓN y que estás trabajando en ti cuando la practicas.
NOTA: Procura hacer el presente ejercicio cuando exista unos niveles de sonido aceptables y normales. Si por ejemplo, cerca de ti están realizando obras y dichos niveles son muy altos, deja el ejercicio para otro momento o lugar. Lo ideal sería hacerlo en plena naturaleza o en un parque. Sólo cuando tengas bastante práctica meditando, podrás hacerlo independientemente de la intensidad de los sonidos.

 

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