Fíjate cómo siempre y todo momento estás respirando en tu presente, es lo que hacemos en todo momento.  Así que depositar nuestra atención en la respiración, es una potentísima herramienta para situarnos en el más puro aquí y ahora. Este ejercicio forma parte de las prácticas de la meditación informal del Mindfulness y tiene su origen en la meditación Samatha que en sánscrito significa CALMA MENTAL. Es decir, ayuda enormemente a que bajar la intensidad y frecuencia de los pensamientos.
Antes de realizar el presente ejercicio, es recomendable que lleves algunas semanas practicando los siete ejercicios anteriores. De esa manera lo realizarás con más facilidad e incluso será más placentero. Así mismo es clave tener en cuenta la explicación teórica sobre cómo meditar. De hecho te recomiendo que la repases antes de practicarlo. 
¿Qué he de hacer?
Es importante es que no toques la respiración, no tienes que hacer nada con ella, respira con naturalidad. No se trata de alterar o forzar tu inhalar y exhalar. Este no es un ejercicio respiratorio, sino que se trata de aprender a depositar tu atención en el fluir natural de tu respiración. 
Durante unos segundos, contacta varias veces al día con tu respiración mientras realizas tus tareas cotidianas. Simplemente obsérvala con atención plena, contacta con ella. Date cuenta de que estás respirando varias veces al día. Son muchas las situaciones en las que puedes hacerlo: al despertar por la mañana, mientras estás preparando el desayuno, mientras caminas o conduces, cuando estás trabajando o realizando tareas domésticas, antes de comer, cuando estás sentado en casa, cuando estás con alguien, ahora mismo mientras lees esta práctica…. Trata de ser consciente de que estás respirando varias veces a lo largo del día. Para no olvidarte de esta tarea, puedes colocar notas de papel en ciertos lugares en tu casa o alarmas en el móvil. Practica este ejercicio al menos en tres situaciones o momentos diferentes al día. Lleva tu atención a las fosas nasales y SIENTE EL ROCE DEL AIRE al entrar y salir por ellas. Observa igualmente cómo la respiración mece con suavidad tu cuerpo, como si de olas de mar se trataran.
Poco a poco ve aumentando el número de veces en las que contactas con tu respiración a lo largo del día, así como cambiando los momentos a largo de las semanas y sentir más sutilezas.
Recuerda, no fuerces el ejercicio ni te fuerces a ti. Cada vez que te distraigas de tu respiración, con amabilidad y sin reprocharte nada, regresa una y otra vez a sentir el roce del aire en tus fosas nasales. Con una profunda aceptación sobre el hecho de que te distraigas, con cariño, con ternura, ten la intención llenar tu presente con la respiración ¿Que te viene un pensamiento? No pasa nada, es normal, lo raro sería lo contrario. Cuando te des cuenta de ello, regresa con naturalidad a sentir el roce en tus fosas nasales.
Si a lo largo de esta práctica, te apetece sentarte y dedicar unos minutos exclusivos a observar y sentir el roce del aire en tus fosas nasales, hazlo, de hecho es muy recomendable hacerlo. Ve con el tiempo progresivamente llenando tu día a día de momentos de conciencia con tu respirar. 
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