En este ejercicio vamos a entrar literalmente en contacto con los objetos que existan a nuestro alrededor. Se trata de un salir literalmente de nuestra mente e ir hacia nuestra piel, en especial las manos.
Toca cuanto exista a tu alrededor.
Hazlo con curiosidad, con apertura, como si nunca lo hubieses tocado. Toca quizás cosas que nunca lo has hecho o hacía mucho que no lo hacías.
Atiende con atención plena lo que tus manos te digan, SIN JUZGAR NI ANALIZAR. Sin iniciar un diálogo interno a raíz de lo que sientes. Sólo percibe su textura, si es liso o rugoso, grueso o fino, su forma,  temperatura,…
¿Qué te dicen las yemas de los dedos? Trata de captar las pequeñas sutilezas de ese objeto mediante el taco, ten la intención de que no se te escape nada. Observa tu sentir, pero hazlo con una curiosidad infantil, como si nunca hubieses tocado algo así o jamás hubieses sentido ese tacto.
Si estás en la naturaleza, puedes tocar el tronco de un árbol, una hoja, la hierba,… Si estás en tu habitación toca todo lo que hay en ella.
Tocar lo que nos rodea, es entrar literalmente en contacto con el mundo, con lo que existe, con lo real. El tacto es quizás el sentido que más nos lleva a la realidad, por lo que es también una forma de unirte literalmente con el mundo. De salir de la ficción y entrar en el aquí y ahora.
¡Ah! Y algo muy importante. A la hora de realizar este ejercicio, no te olvides de ¡DISFRUTAR!, meditar tiene mucho de disfrutar. Así que hazlo con gozo.
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