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Me siento mal ¿Qué hago?

(Para cuando te sientas vencido por la ansiedad)

Ahora mismo no es hacer, sino SER. Ahora es cuando más te necesitas para darte aquello que sane estos instantes: TÚ MISMO. Lo estás pasando mal, así que no es momento de recriminarte, juzgarte o exigirte nada. Ni tan siquiera te exijas estar bien. Es momento de acogerte y acompañarte con dulzura a través de los próximos minutos. No estoy hablando de que tengas lástima de ti mismo/a, sino de darte el consuelo y la ayuda que necesitas. Responder con cariño a tu propio sufrimiento. Ahora es cuando más necesitas que te trates bien. Abrázate, date ese calor que suavice y ablande estos momentos. Abrázate  como fruto de una sentida empatía hacia mismo/a, como respuesta compasiva ante tu sufrimiento. No es momento de buscar algo, sino de encontrarte y de permanecer contigo con calidez.              
Atiéndete como de corazón te mereces. Imagina que esa persona a la que tanto quieres, te viene en tu misma situación ¿Cómo serías con ella? ¿Qué actitud tendrías? ¿Sientes el despliegue de cariño que brotaría en ti? ¿Sientes tu capacidad para aliviar el sufrimiento de esa persona?  Pues bien, quien más te necesita ahora mismo eres tú, así que no te des la espalda con exigencias ni recriminaciones. Ten compasión de lo que estás experimentando. Mírate con los mismos ojos que miras a la persona que más amas. Date ese amor, ese ocuparte de ti con cariño y dulzura. Respira y al exhalar, hazte el bien aliviándo con ternura la carga que puedas llevar.
Atiende a tu cuerpo, para él tampoco es fácil la situación, posiblemente esté en tensión. Él lo único que está haciendo es endurecerse para protegerte porque cree que estás luchando. Pero estos momentos tampoco son de lucha, de veras que no lo son, ahora mismo no hay nadie con quien batirte. Ni tan siquiera tú mismo/a. Así que hazte la siguiente pregunta en estos instantes: ¿de verdad es necesario tener mi cuerpo en tensión? Permite que tu cariño inunde cada rincón de tu organismo. Suelta, afloja, destensa, que tu organismo sepa que no necesita proteger nada. Siente el alivio de un descanso compasivo.
Atiende a tu interior. Deja de intentar cambiarte en estos instantes. Ahora mismo lo que más necesitas no es forzarte para llegar a ser de otra manera. Lo que necesitas es dejar espacio para poder atenderte.  Un espacio de bondad hacia tu sentir, permitiendo que lo que esté pueda estar. Todo viene y se va por sí mismo, así que no tienes que hacer nada para dejarlo pasar. Sólo dejarlo estar con una actitud de cuidado y de abrazo hacia todo tu ser, a todo cuanto hay en ti.
Desea para ti acciones bondadosas. Con tu mano en el pecho, puedes repetir frases del tipo “Que sepa tratarme bien, con cariño y comprensión” “Que pueda ser amable conmigo mismo” “Que pueda cultivar en mi la paz” “Que sepa darme amor, consuelo y cuidado” U otras adecuadas a tu situación, pero siempre en un sentido de deseo bondadoso hacia ti mismo. Se trata de sentir esas frases, así que dítelas lentamente desde el corazón, poniendo bondad en el tono con el que las dices.  Pero ojo, no las repitas con la intención de no sentir lo que sientes, sino como una aspiración compasiva hacia ti mismo/a.
No trates de disimular los síntomas. Si disimulas estás impidiendo que la tensión acumulada pueda disiparse. Si quieres tranquilizarte para disimular no lo vas a conseguir. Disimulando no se tranquiliza uno, al contrario, te tensas más porque estás haciendo el esfuerzo de taponar esa tensión que tu cuerpo está expulsando. Suelta toda lucha contra tu cuerpo. Él está tratando de ayudarte procurando aliviar la tensión, pero no lo dejas si te resistes a que haga su trabajo. Así que deja de oponerte tratando de disimular los síntomas. Sé que si estás en compañía y no quieres que se enteren de que tienes ansiedad o no quieres que te vean débil, te puede resultar difícil. Pero fíjate cómo ese no querer que se enteren, hace que generes más tensión. Así que ahora mismo lo último que necesitas es pensar en los demás, en estos instantes pon tu bienestar por encima de cualquier persona o circunstancia. Y eso no es egoísmo, es una necesidad que ahora mismo tienes.
Si tienes que pedir algo a los demás ¡pídelo! Como decía, pon tu bienestar por encima de los juicios de los demás. Si necesitas agua, que te traigan algo, que llamen a alguien o simplemente que se queden acompañándote PÍDELO. Fíjate cómo el mero hecho de darte permiso para pedir lo que necesitas, rebaja un tanto tu tensión. Así que no repares en solicitar de los demás aquello que precises. Te sorprenderá cómo hay muchas personas de buen corazón que lejos de juzgarte, estarían encantadas de poder ayudarte, lo cual se transmite y eso hace que tu tensión mengüe. Pasarlo mal no es vergonzoso, ni indica que seas inapropiado, sino que ERES HUMANO. Así que comparte tu humanidad y permite que los demás compartan la suya contigo. Eso ayudará a aliviar la carga de este momento. Recuerda también que la mejor persona a la que puedes perdirle ayuda es a un psicólogo.
Dirige tu atención al presente. Posiblemente ahora estés pensando qué será de ti en los próximos minutos, mañana o en tu vida en general. Pero ahora mismo no necesitas el futuro para nada. Lo que necesitas es ir hacia ese lugar en el que puedes darte cariño: AQUÍ. Estar en ese momento en el que puedes cuidarte: AHORA. Fíjate que lo que más estás haciendo ahora mismo es respirar, así que observa tu respiración. Regresa a este instante con dulzura y quédate contigo observando el ritmo del aire entrando y saliendo de tu cuerpo. Enfoca tu atención en las fosas nasales, cómo el aire es más frío al entrar… más cálido al salir. Cómo el aire roza suavemente el interior de tu nariz. Observa cómo te trata el aire… trátate tú igual. Quédate ahí unos minutos queriéndote a través de tu respirar, sin prisa, sintiendo todas y cada una de las sensaciones que produce el aire en tu cuerpo. Si te distraes y te vienen pensamientos negativos, es normal, con cariño y comprensión vuelve a observar las sensaciones del respirar.  Sólo necesitas conectar con tu respiración para regresar al presente, es el único momento en el que puedes amarte.
Ahora que estás más en calma, continúa cuidándote. Tómate una infusión, sal a tomar el sol y el aire aunque sea a una ventana, da un paseo,  ponte en contacto con alguien que te quiera, haz aquello que tenías previsto,… pero no lo hagas para huir, sino porque continuar con tu vida es lo mejor que puedes hacer por ti. Ésa es también una manera de darte aquello que necesitas.
En ocasiones nos sentimos vencidos por la ansiedad porque hemos entablado una lucha contra ella y contra nosotros mismos. Y no es eso lo que necesitas. Lo que más necesitas es a ti. Un tú amable, cariñoso, tierno, acogedor con lo que experimentas y sobre todo comprensivo contigo mismo.

 Este momento también pasará.

Aprovéchalo para darte el amor que todo lo ablanda.