Mi experiencia con los síntomas de la ansiedad, es que éstos van cambiando a lo largo del tiempo. El continuo nerviosismo y la taquicardia sí que eran permanentes, pero el resto parecía como si fueran mutando. Cuando creía que había superado uno, otro nuevo aparecía o bien regresaba el que había desaparecido tiempo atrás. Esa dinámica de aparición y desaparición era descorazonadora, pues tenía la sensación de estar constantemente empezando de cero. Me encontraba totalmente centrado en eliminarlos, que no apareciesen, mi vida ya sólo tenía un objetivo: que los síntomas me dejaran en paz. Y eso me hacía sufrir enormemente porque el objetivo de mi vida, como ser, no era ese, además de que no veía avances ninguno durante años.
Cuando tenía un síntoma concreto o varios de ellos durante un determinado tiempo, estaba totalmente centrados en ellos. Buscaba información sobre “cómo eliminar el mareo” o “cómo eliminar la despersonalización” o “cómo eliminar… (el síntoma de turno)” movido por la creencia de que si me los quitaba de encima, ya saldría de la ansiedad, que ya todo volvería a ser como antes ¡Qué equivocado estaba! ¡Por ahí no iban los tiros! Porque en cuanto se marchaba un síntoma aparecía otro o regresaba uno anterior.
Observando esa interminable dinámica de aparición-desaparición-aparición, terminé por darme cuenta de algo clave: QUE EL PROBLEMA NO ERAN LOS SÍNTOMAS. Y no lo era porque estaba claro que algo debía estar generándolos. Si siempre estaban, es que algo estaba originándolos.
El problema no son los síntomas, así que da igual el tipo de síntoma que tengamos.
Es decir, me pasé años centrado en atajar las consecuencias y no en trabajar las causas que los producían. Estar centrado en ello es como si en mi casa tengo una fuga de agua y me dedico exclusivamente a recoger el agua en lugar de arreglar el grifo. Así que da igual el tipo de síntoma que tengamos porque de ese “grifo” pueden salir muchos tipos de ellos y continuará haciéndolo mientras esté abierto ¿Y qué es lo que queremos? ¿Que no aparezca tal síntoma o cerrar el grifo? Porque son dos cosas muy distintas.
Sé que decir “da igual el tipo de síntoma” resulta duro, porque no es lo mismo una crisis que tener una taquicardia. No es lo mismo experimentar despersonalización que tener mareos. Sé en propia carne que hay síntomas y síntomas, que vivenciar algunos de ellos es especialmente duro. Pero lo que no puedo es engañarte. Si sólo me preocupo de secar el agua que está mojando mis pies y de si viene más o menos fría, me pasaré la vida secando agua y nunca tendré los pies secos. Pero ¡ojo! Es normal esa inclinación que tenemos de centrarnos en el síntoma porque el miedo es así, nos hace centrar nuestro foco de atención en un solo punto. Y los síntomas nos dan miedo. Por eso estamos tan centrados en ellos. En el fondo, instintivamente, no haces nada que ningún ser humano no haga cuando siente miedo: centrarse en lo que le da miedo para tratar de evitarlo. Así que desde esa plataforma de comprensión, pongamos los pies en el suelo y seamos prácticos ¿qué es lo que queremos? SALIR DE LA ANSIEDAD ¡Pero salir de la ansiedad con mayúsculas! Salir de verdad. Y para ello no podemos estar todo el tiempo centrados en tal o cual síntoma. Hemos de AMPLIAR NUESTRA PERSPECTIVA, ampliar nuestra visión para poder ver el grifo y aprender a cerrarlo ¿Que no estar centrado todo el tiempo en el síntoma es difícil? Sí, es verdad. También lo sé. Pero la experiencia también me dice que es necesario hacerlo.
Pero volvamos a la pregunta inicial y al día a día cuando se tiene ansiedad. Tengo este mareo, esta despersonalización, esta presión en el pecho,… ¿Qué hago con mis síntomas? Esa pregunta nos la hacemos con frecuencia y no solemos encontrar respuestas. Y no las encontramos porque no existe una tabla en la que se indique a tal síntoma haz esto, a tal otro haz esto otro y además que sirva a todas las personas por igual. Sí que hay técnicas que sirven a todos los síntomas por igual como es la relajación, aunque ésta aliviar alivia (que no es poco) pero no termina de sanarnos. Por lo tanto la pregunta “¿qué hago con mis síntomas?” no es la pregunta adecuada, por ahí no encontramos salida a nuestra situación porque de la ansiedad no se sale tratando de eliminar los síntomas vayan surgiendo. Las preguntas adecuada son “¿qué tengo que dejar de hacer con mis síntomas?” y “¿qué tengo que dejar de hacer conmigo mismo y con mi vida?” Ahí sí que encontramos respuestas porque ahí está el grifo.
¿Qué tengo que dejar de hacer con mis síntomas? Rechazarlos, ocultarlos, disimularlos, reprimirlo, combatirlos, taponarlos, controlarlos, dramatizarlos, resistirlos,… todo ello lo único que hace es incrementarlos. Algo que hemos de tener muy claro respecto a los síntomas, es que es nuestra reacción la que todo lo magnifica. Es decir, que lo que hacemos para no sentir los síntomas, es lo que hace que perduren en el tiempo. Ése es uno de los puntos clave para salir de la ansiedad. Para profundizar en este punto recomiendo que leáis las siguientes entradas en el blog: la guerra contra el síntoma y la importancia de aceptar la ansiedad.
¿Qué tengo que dejar de hacer conmigo mismo y con mi vida? Juzgarme, criticarme, culparme, exigirme por encima de mis capacidades, mal quererme, recriminarme, compararme, no cuidarme, tratar de controlarlo todo, buscar ansiosamente la aprobación de los demás,… porque toooodo ello lo que está haciendo es generar la tensión emocional que luego el cuerpo se ve obligado a expulsar en forma de síntomas. Ahí tenemos la tubería que lleva el agua al grifo. Para encontrar una salida a todo ello, te recomiendo la siguiente entrada de la página “Sendero a tu Interior”: ¿qué estoy haciendo para no ser feliz?
Los síntomas de la ansiedad, son sólo eso, síntomas de ansiedad. No son síntomas de cualquier otra cosa. El hecho de que los percibas con mucha intensidad, no implica nada más allá de lo que sientes. Los síntomas hablan de la ansiedad, no de tu salud. Detente y piensa detenidamente en ello antes de continuar leyendo. Tener bien claro eso último me ayudó bastante. 
A continuación dejo un listado de síntoma divididos por categorías.

 

 

Síntomas cognitivos / emocionales.

  • Quedarse en blanco, bloquearse. Problemas de concentración y memoria. Descuidos, despistes.
  • Tendencia a anticiparse de forma negativa. Estar continuamente autovigilándose.
  • Constantemente preocupado.
  • Inseguridad, temor, ganas de huir.
  • Irritabilidad, cambios de humor.
  • Tristeza, llanto, apatía.
  • Insomnio, despertarse cansado.
  • Desasosiego, sensación de extrañeza.
  • Miedo a morir, a tener una enfermedad grave o sensación de miedo sin motivo alguno.
  • Pensamientos negativos, absurdos, sensación de volverse loco y/o perder el control.
  • Pensamientos extremos del tipo: «Todo-nada, siempre-nunca, todos-nadie,…». « Todo me va mal… » « Nunca me voy a recuperar… » « Nadie me quiere… »

 

Síntomas físicos.

  • Taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho.
  • Sensación de mareo, inestabilidad.
  • Respiración rápida y superficial.
  • Sensación de ahogo, falta de aire.
  • Temblores, inquietud motora.
  • Hormigueo.
  • Malestar estomacal.
  • Sensación de tener un nudo en la garganta.
  • Tensión muscular.
  • Sudoración, calor.
  • Dolor de cabeza.
  • Sequedad en la boca, sensación de no poder tragar.
  • Necesidad de orinar con frecuencia.
  • Diarrea, náuseas, vómitos, dolor abdominal.
  • Cansancio, sensación de fatiga.
  • Apretar los dientes sin causa alguna.

 

 

Síntomas sociales.

  • Estar ensimismado.
  • Dificultades para conversar o relacionarse.
  • No saber qué responder o preguntar.
  • No hacer valer los propios derechos o hacer peticiones.
  • Nerviosismo cuando se está en grupo o con mucha gente.
  • Deseos de salir huyendo.