Testimonios de superación

 

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Sandra (ESPAÑA)

“Conocí lo que era la ansiedad hace 17 años por primera vez. No sabía que me pasaba pero me encontraba mal. El médico lo tuvo claro el diagnostico, me recetó ansiolíticos y después de ocho meses parecía que todo volvía a la normalidad. Por aquel tiempo era poco frecuente hablar de ansiedad, yo era la primera vez oía ese término y como el acceso a internet también era mucho más restringido que ahora poco me preocupé por saber más. Fue una época de estrés y pensé que ya estaba curada.
A partir de ahí nunca volví a sentir una tranquilad absoluta, en momentos de presión por el trabajo o asuntos familiares tenía crisis de ansiedad, pero como ya sabía lo que eran no las daba mayor importancia y seguía con vida como si nada. Yo era para los demás muy fuerte, muy valiente, sin problemas, muy responsable, el ideal de amistad, de pareja,.. vamos que podía con todo y nada me afectaba.
No esperaba que la ansiedad se presentase de manera fulminante en mi vida de nuevo , pero así lo hizo hace cuatro años y esta vez vi que no saldría sola de esta.
Lo primero que hice cuando los ataques de pánico se hicieron constantes en mis días fue ir al médico a por ansiolíticos pero esta vez no resultaron muy efectivos…
Tras hablar con mis amigos sobre mi problema me recomendaron tratamiento psicológico y me costó tomar la decisión pero no veía otra salida.
Fue lo primero que he hecho por mí en años para cuidarme. Mi psicóloga me ayudó a ver de dónde procedía mi ansiedad, que actitudes, pensamientos y acciones en mi vida debía cambiar para poder superar este trastorno. La terapia fue para mí sanadora y aunque al principio me costó, vi rápidamente que, o hacía cambios en mi vida o la ansiedad seria mi compañera de por vida.
Me enseñó cómo pensaba, qué pensaba de mí y de la vida y como eso era o que producía mi sufrimiento. Pude ver por vez primera lo que exigía, lo dura que era conmigo misma, como me desvivía por los demás sin pensar en mí, como quería ser perfecta, nunca decía que no, me quejaba poco, siempre estaba bien, la hija ideal, la amiga ideal, la pareja ideal,.. Toda eso me había llevado a dónde estaba ahora, mi cuerpo y mi mente se habían ido cargando y tensando durante años y habían llegado al límite de sus fuerzas.
Mi síntoma más acentuado era la despersonalización y comprendí que era debido a la gran carga emocional que acumulaba.
Estuve un año y medio en terapia y ahí comencé a conocerme, a quererme, a respetarme como era, a cuidarme, a pensar también en mí..
Durante la terapia psicológica ( la mía era cognitivo-conductual) varios días hicimos visualizaciones y atención plena y comencé a buscar información sobre este tema.
En todos sitios recomendaban mindfulness como complemento a la terapia psicológica para trastornos de ansiedad y depresión. Decidí comenzar a probar y ya llevo dos años y medio meditando.
Además descubrí blog como el de Rafa y Fabiola y ellos incidían en la importancia de la meditación para superar este trastorno. Si a ellos les había funcionado había que intentarlo.
A día de hoy puedo decir que el mindfulness ha sido definitivo en mi camino de salida de la ansiedad.
Llevo dos años sin un solo ataque de pánico y la tranquilidad es la tónica diaria de mi vida.
Me quedan un par de miedos por superar pero sigo trabajando para lograrlo. Desde que medito he aprendido a estar en mi cuerpo, a ser consciente de mis pensamientos, a permitir mis sensaciones y emociones y sobre todo a aceptarme como soy.
Mi vida ha pasado de huir y luchar a permitir y aceptar. Y no es que mis circunstancia exteriores hayan cambiado mucho, es que yo he cambiado enormemente.
A día de hoy puedo decir que gracias a la ansiedad he descubierto el camino hacía mi felicidad, mi tranquilidad y mi equilibrio interno.
Y para terminar sólo decirle a Rafa que gracias por tanta luz que nos aporta de manera desinteresada. Su blog y él forman gran parte de mi recuperación.
Si hacemos lo mismo obtendremos resultados iguales. Hay que empezar a hacer las cosas de manera diferente para que los resultados sean otros”.
Sandra (España)

María (ESPAÑA)

“Si yo he conseguido vivir sola en mi apartamento después de años de fobia a dormir sola, todo el mundo puede superar sus miedos. Diversas circunstancias me llevaron a tener serios problemas de ansiedad y fobia a dormir sola con apenas veinte años. No sabía ni lo que tenía. No dormía, sentía ansiedad en los bares por lo que dejé de salir, me costaba hablar con las personas… Hasta que un día de tanto no dormir me desmayé. Cuando
los médicos le dieron un nombre sentí alivio. ¡No era yo la que estaba mal hecha, tenía algo!

Empecé una terapia con mucha ilusión, era cognitivo-conductual. Y descubrí el poder de cambiar los pensamientos, de las técnicas de relajación, de hacer deporte. Y también me hice mejor persona, más completa. Descubrí el poder de la empatía, del amor, de ser auténtico. Descubrí lo fuerte y valiente que era. Y lo maravillosa que puede ser la vida. Fueron años, pero entre medias hay que disfrutar del paisaje.

Con los años he aprendido que todas las fobias se curan con exposición y exposición. Pasando por encima del miedo. De lo que piensen los demás, de si haces el ridículo. Encontré manos tendidas en desconocidos y conocidos y empezó a darme un poquito igual lo que pensaran los demás. Y siempre hay alguien que te ama aunque seas raro, no sé por qué nos empeñamos en decirnos lo contrario. Y después, con el tiempo, empecé a amarme yo. Hay un efecto profundamente liberador y sanador en cuidar de uno mismo.

Mi primera conquista llegó pronto; la primera noche durmiendo sola en el salón de mi casa, con mi saco de dormir preferido. Lo hice en el salón porque en la habitación me daba miedo, jeje. Dormí poco, dormí mal. Pero dormí. Luego vendrían una y mil batallas que a veces costaron y lecciones que aprender. Muucha ansiedad. Y me enfrenté a ella. Unas veces a pecho descubierto, otras huyendo como podía…. hasta que la vida me volvía a poner los deberes en frente. Había mucho que desaprender y mucho que aprender. Ha sido mucho esfuerzo, y muchas lecciones aprendidas. Cambiar patrones de pensamiento y cambiar cosas de mi personalidad.

Años después, mientras preparaba la comida en mi apartamento recordé a mi psicóloga de entonces, y lo contenta que se puso aquél día que aparecí demacrada pero habiendo dormido sola. Pensé, ¡si supiera que no sólo duermo sola, si no que vivo sola!, y me sentí profundamente
satisfecha de mi misma. Y del camino recorrido. Así que la busqué en Internet para contárselo. Porque muchas veces contamos cuando estamos mal, pero se nos olvida avisar ¡que conquistamos la meta!, ¡qué fuimos mucho más allá incluso de lo que nunca habíamos pensado!

Las técnicas que más me han ayudado han sido la meditación y las relajaciones guiadas que me pongo muchas noches. El deporte ayuda mucho con los síntomas y un buen abrazo de la gente que quieres y luego las técnicas mentales que te enseñan los psicólogos. La frase ‘estoy a salvo’ en pleno ataque por ejemplo baja el grado de ansiedad, la aceptación del proceso también, el no querer dejar de sentir
inmediatamente lo que estás sintiendo. Y luego en mi caso una creencia de que al igual que nos duele una muela cuando ‘se ha picado’ para que no se nos infecte todo el cuerpo, nos duele la mente porque no estamos yendo por el camino evolutivo correcto y son señales de alarma de nuestra alma para que cambiemos el camino.

Así que si me lees porque tienes miedo, no te preocupes. Todos lo tenemos a veces. Pero el valor y la paciencia te van a ayudar a dejar de ser esclavo. Lo lograrás, seguro”.

María (España)

Saray (ESPAÑA)

Hace unos meses ni tan si quiera me hubiera atrevido a pensar como pienso ahora. Soy una persona totalmente distinta y te lo debo a ti.
Juntas hemos batallado en la oscuridad y juntas nos hemos demostrado que nos podemos alumbrar hasta en los más oscuros abismos.
Me has enseñado a ser valiente, paciente, coherente… No te diré que volvería a pasar por todo por que en parte te estaría engañando, pero si te diré que me ha merecido la pena. Cuando miras de frente a tu oscuridad ya no hay nada que puedas temer.
Gracias a ti he aprendido a ser yo. Gracias a ti me he conocido. Gracias a ti sé que la felicidad no es estar todos los días contenta. Gracias a ti me pongo metas y retos. Gracias a ti ¡creo en mi! No hay fe más grande que esa. Creer en uno mismo es como el agua en el mar o el sol en la vida.
La mejor manera de agradecerte todo esto es no olvidar nunca tus lecciones y contarle al mundo la verdad. Que mi experiencia pueda servir a otros para que no te vean como una bruja malvada y sepan que lo único que pretendes es que despertemos para poder vivir.
Has sido la mejor profesora que he tenido y tendré jamás. Gracias a ti observo un atardecer y no hay, para mí, más tesoro que ese. Observo una flor, una estrella…
Al principio me asustaste tanto que no pude entender nada. Aún recuerdo cuando mi “miedo” me hacía creer que no podría quedarme sola en casa, o cuando me hacía creer que no podía dormir ni comer… Pero ahora con el tiempo, he visto que desde el minuto uno estuve dispuesta a dialogar contigo. Busqué ayuda, un guía, me apoyé en los míos, acepté nuevos métodos como la meditación. En verdad, yo también he sido buena contigo. Gracias a ti he conocido mejor a todo el mundo que ya creía conocer. Y los he conocido por qué he dejado de juzgar, tanto a los demás como a mi. He conocido a Saray. He visto que Saray es valiente. He visto que Saray puede y me he sentido única e irrepetible. He dejado atrás muchos fantasmas y viejos prejuicios. Ya no etiqueto y a todo le otorgo en “beneficio de la duda”. He aprendido que cuando miras todas y cada una de las habitaciones y sótanos que hay en tí, ya no hay nada que puede perturbarte. Barrí y abrí todas las ventanas para que la luz y el viento pudiera entrar y no dejar ningún rincón a oscuras. Te doy las gracias una vez más por todo querida amiga.

HAZLO. Y SI TE DA MIEDO, HAZLO CON MIEDO.

Saray (España)

Rocío (ESPAÑA)

Para comenzar mi historia, lo primero que quisiera decir es que la ansiedad es muchas veces un monstruo silencioso que se instala en nuestras vidas sin que nos demos cuenta.
En mi caso ocurrió de esta forma. Tengo ahora veinticinco años, y soy del sur de España. Desde pequeña fui una persona abierta, con dotes para el arte y quizás tardé mucho en tener buenos y verdaderos amigos porque en mi entorno parecía un poco “bicho raro”.
Dicen que muchos de los traumas que arrastramos vienen de la niñez. Lo cierto es que no puedo hablar de uno en concreto pero es cierto que fue algo solitaria y difícil. Si este es tu caso, ten por seguro que es un elemento que ha tenido mucho peso a la hora de crear una tendencia a tener pensamientos negativos.; falta de autoestima etc…
A lo largo de estos años pasados, por diferentes motivos personales duros para mi, fui arrastrando una serie de pensamientos recurrentes. Un enfoque negativo de ver la vida que toleré y deje crecer sin darme cuenta de todo lo que me estaba llegando a afectar. De cuanto estaba cambiando mi manera de pensar, comportarme y en general llevar mi vida.
Desarrollé lo que algunos llaman Tanatofobia o miedo exagerado a la muerte. Siempre me ha preocupado mucho mi espiritualidad y temas existenciales. Como todos nosotros no sé a ciencia cierta de dónde venimos o a donde vamos pero durante unos diez años (desde que tuve mi primera crisis existencial y me pregunté estas cuestiones) me obsesione más de lo que lo hace la media con esto. Cuando comenzaron a pasarme una serie de circunstancias poco afortunadas en mi vida, me obsesioné aún más con esto.
Por una parte no le veía sentido al hecho de que estemos aquí; por otra no quería morir nunca. Estas dos ideas me torturaban, pensaba en ellas cada cinco minutos, o a veces menos.
Sabía que tenía “algo” de ansiedad. La había padecido levemente durante la separación de mis padres años antes, pero nunca le di la importancia que merecía. Hago hincapié en mis pensamientos recurrentes y que la sensación de agobio venia de antes porque son síntomas que muchas veces no vemos. Quizás para algunos que leéis esto ya no os sirva mucho el consejo, pero podéis percibirlo en otros y advertirles que no se dejen llevar por esa “mala inercia”, porque antes de lo que piensan estarán enfermando.
Hace ya más de año y medio alcancé el punto máximo de ansiedad. Comencé a tener fuertes crisis. Las primeras fueron durante los días antes de la menstruación, cuando la química nos juega más malas pasadas a las mujeres. Fui muy consciente de que había llegado a un punto preocupante tanto física como psicológicamente. Pensaba en la muerte a todas horas. Mis capacidades para relacionarme con los demás se habían reducido considerablemente, engordaba mucho más de lo que en proporción consumía. Quería hacer las cosas que me gustaban para despejarme, y en lugar de eso me hacían sentir peor.
Llego un momento que nada me consolaba ni un mínimo. Y con los ataques de ansiedad fue peor aún porque tenía que luchar contra mi mente y mi cuerpo. En mi caso había llegado a una situación límite en ambos aspectos. Mientras que me encontraba en ese estado constante de ansiedad no podía pensar clara ni positivamente en nada. Y por otro lado tenía esa costumbre mental adquirida durante años de ver solo el sin sentido de las cosas, y no lo bueno, la utilidad, la razón favorable de estas.
Nadie podía darme la respuesta que buscaba. Escapar de la idea de la muerte se me hacía imposible, estaba en todas partes. Todas las semanas muere gente, hay enfermedades, a partir de la veintena nuestro cuerpo ya ha empezado a deteriorarse aunque aún no se vea etc etc. Leía artículos sobre salud, nuevas tecnologías. Intenté buscar respuestas pero obviamente ninguna me servía ante cuestiones tan complejas como las que me planteaba.
Una buena amiga, había padecido de ansiedad. En su caso se fue más por el lado hipocondriaco. Trabaja en el campo de la sanidad y os imaginareis lo mal que lo pasaba pensando que podía pillar cualquier cosa tratando con sus pacientes.
El problema real no era que tuviese miedo a una enfermedad igual que realmente el mío tampoco lo era de búsqueda existencial. Era una máscara que tenía la ansiedad de dar la cara. Siempre sale y ataca nuestras debilidades.
Esta amiga me llevó al que había sido su psicólogo, con el que conecté al instante. Ya entonces había comenzado un tratamiento con ansiolíticos. Después de horribles semanas sin tomar nada, en que mi médica esperaba que mejorase por mí misma (no era partidaria de que tomase nada a no ser que fuese estrictamente necesario), ya vimos que necesitaba ese empuje. Pasaba muchas veces varias noches seguidas sin dormir ni comer antes de empezar el tratamiento psicológico y disponer de estos medicamentos. Realmente fue un infierno. Mi familia y amigos intentaban apoyarme pero ciertamente la mayoría no sabían muy bien cómo hacerlo. Pero incluso dentro de mi estado y sintiéndome muy muy sola, intentaba no ser cruel con ellos porque no me entiesen del todo. Veía como me cuidaban (o soportaban) día a día y cuando mejore un poquito fui muy consciente de lo duro que era también para ellos.
Tarde un par de meses en empezar a estar “mejor”. Poder salir sola a la calle, dormir más de seguido sin pesadillas. Empezar a tomar menos las pastillas. Pero la fase de recuperación es muy dura también. Había días en lo que dudaba de si era mejor o peor que los días en que tenía ataques. Tienes que tirar de ti día a día y luchar por no recaer. Tu psicólogo te dará muchos trucos te explicará lo que te pasa, pero eres tú el que tienes que encajar eso en tu cabeza. Adaptar una nueva filosofía a tu vida diaria. Vivir el ahora, aprender a respirar, a mirar el mundo con otros ojos. Esto te cambia por completo. La persona que eras antes de la ansiedad, durante y después son totalmente diferentes. En el proceso serás varias personas diferentes, seguramente cambies radicalmente muchas cosas, sitios, personas, aspecto. Pero será todo para bien seguro. Volverás a encontrarte.
Mi yo de ahora os puedo decir que es más fuerte que nunca. Soy yo verdaderamente después de años.
Hubiese querido acudir antes al psicólogo, darme cuenta de lo que llevaba a cuestas antes de que la ansiedad se manifestase hasta este punto. Pero ha sido una experiencia tan dura y radical que casi (ojo, casi) agradezco que haya pasado de esta manera. Porque en el estado más pasivo de mi negatividad podría haber estado así toda la vida.
Antes de despedirme después de contaros brevemente mi experiencia, deciros que también me busqué a través de las redes sociales a algunas personas que habían pasado o estaban pasando por lo mismo. No dejéis de hacerlo. Cuanta más caras de la moneda veáis mejor, gente que os comprenda. Manteneos ocupados aunque sé que cuesta muchísimo. Pero es muy sano aprender a mantener la mente ocupada. Cuando empecéis a estar mejor os será de muchísima ayuda para no recaer. Además la actividad física y/o mental favorece la creación de sustancias buenas para el cuerpo.
No os obsesionéis con la sensación de malestar. Son muy incomodas las sensaciones que se tienen cuando sufres de ansiedad. Quizás no os libréis del todo nunca de ellas. Los días más estresantes en mi trabajo o mi vida personal me siento totalmente irreal. Desde sentir que mi cuerpo no es mío, hasta que el mundo es como una especie de teatro. Sentirme desubicada y pérdida. Ahora solo me pasa a veces durante un rato. Pero este año atrás pase muchos meses en que lo sentía casi las 24 horas. No le deis más importancia, centraros en cualquier actividad diaria y relajaros e irá desapareciendo.
Y para terminar. Quiero hacer una mención especial para las mujeres. Por muy bien que llevéis vuestros problemas psicológicos siempre va a haber unos días del mes en que con razón o sin ellas os va a ser muy difícil manteneros dentro de la estabilidad. Os puede dar por estar tristes, cabreadas y sobre todo porque os den picos de ansiedad. Esto vale para todas y no solo para las personas con problemas de ansiedad y depresión a los que me dirijo con este texto. Conoceos y dejaros ser. Quiero decir, que si necesitáis desahogaros esos días hacedlo, explicad a vuestra pareja o familia o a quien os acompañe que es algo de la química de nuestro cuerpo, natural. No es algo malo, a veces sacamos las cosas que llevamos dentro esos días. No hay que cabrearse ni tomar como una señal de inferioridad el admitir que estas mal por estar premenstrual o menstrual.
Hace ya unos meses que estoy bastante bien. Tengo días puntuales malos. Pero el resto son una maravilla. Amo la vida, a mi gente. Pinto y escribo muchísimo. Ya lo había, pero ya no hay temas oscuros en mis creaciones. Estoy más activa que nunca. He sacado un libro de poesía llamado “En las alas de Thanatos”, cambiado de ciudad, y participado en cualquier proyecto que se me ha puesto por delante. Vivo en el presente, sin miedos ni rencores hacia nada ni nadie. Estoy dispuesta a ayudar y escuchar a todo el que quiera buscarme. No dejéis de luchar que de esto se sale. Todo mi amor.

Rocío Barroso.

Rocío (España)

Maria (ARGENTINA)

Hola soy Marìa deseo con mi testimonio poder ayudar a muchos de los q hoy día lo están pasando mal. Mi historia comienza como la de todos con mi primer ataque de pánico a los 33 años. Esa vez nunca me la voy a olvidar y creo que ninguno se la olvida. A partir de ese momento comenzó mi infierno porque empecé a sentirme rara y tenia subidas de ansiedad con las sensaciones q ya todos conocemos. Lo peor es que me fui encerrando cada día más y más, hasta pasar dos años encerrada sin poder salir. Recorrí médicos, me hice estudios como todos, pensando que era algo orgánico perdí mucho tiempo dando vueltas, antes de tener un diagnostico y eso me fue poniendo mal porque no sabía qué me pasaba .Un día fui a un neurólogo que me dijo “lo suyo es funcional” y me derivo a un psiquiatra. Fui a un centro psiquiátrico en el cual me medicaron con antidepresivos y ansiolíticos pero no funcionó, yo seguía mal. Para ese entonces mi angustia estaba muy mal. Gracias a una amiga, conseguí un psiquiatra que me ha atendido durante 11 años .La medicación fue mi ayuda para bajar la ansiedad y empezar a sentirme más segura, aún así, los primeros años seguía con mis miedos y me costaba mucho enfrentarlos.
El psiquiatra me mandó a hacer la terapia cognitiva conductual, que fue la q me ayudó a comprender de qué se trata todo esto. Me costó mucho cambiar el chip de mis pensamientos y sentirme segura. Tuve que trabajar enfrentando los miedos saliendo a la calle de a poco, una cuadra, dos, tres y así entrando a un supermercado, haciendo una fila es algo q cansa pero tiene su recompensa.
Mi historia es muy larga porque pasé 24 años con ansiedad y agorafobia, voy a resumirles un poco. Lo que aprendí es que si uno lucha contra las sensaciones no logra nada, hay q hacerse amigo y saber que la ansiedad es parte de nosotros desde que nacemos, que después por diferentes problemas se dispare, es otra cosa. Cuando estamos mal con una crisis, no hay que desesperar ni ponerse a pensar que algo malo va a pasar, porque no pasa nada. Cambiemos ese pensamiento por algo más real, por algo positivo, tratemos de hacer la respiración diafragmática que ayuda mucho a relajarnos .La desesperación lleva a mas desesperación y a pensar que tengo un paro, que no puedo respirar y tantas otras cosas…..Usen la lógica no van a tener ningún paro, pueden respirar lo que pasa que cuando uno tiene una crisis, respira mal la respiración es corta, no profunda y así hiperventilamos. Lo principal y aunque cueste, es no estar pendiente de las sensaciones del cuerpo todos los días. Tenemos sensaciones pero si estamos “uy qué me pasa, estoy rara o me late el corazón más fuerte, tendré un paro”. Estamos ya predisponiéndonos para un ataque de pánico o ansiedad. Entonces cambiar esos pensamientos por algo más real y positivo. Distraer la mente, no estar pensando ahora me va a dar un ataque. No. No nos va a dar nada si logramos revertir ese pensamiento, para eso hay que trabajar y la terapia cognitiva conductual es de gran ayuda. Cambiar pensamientos irracionales por más reales. Todo esto que les cuento, requiere de un cambio muy grande en nosotros y hay que hacer ese cambio que implica dejar atrás el que era, para poder modificar estructuras aprendidas que nos han hecho mal. No es fácil, es proponérselo y querer salir. Como siempre digo la puerta de salida esta frente a uno ¿y si supiéramos que la salida es uno mismo ? La medicación ayuda pero no cura, sólo uno es el que puede sanarse mediante trabajo, exposición, ejercicio de respiración, cambiar pensamientos. Yo tomé medicación durante 24 años, aunque el último tiempo sólo tomaba paroxetina 10 mg y me la sacaron de un día para el otro por un problema de estomago. Ahora si yo me ponía a pensar “uy ahora voy a tener una recaída tanto tiempo con medicación” , qué hice, seguí con mi vida, no dejé que mis pensamientos me dominaran y ante la más pequeña sensación seguí mi vida normal y ¿qué pasó? nada. Por eso les digo la mente juega un papel muy importante, los pensamientos negativos. Hoy día hago mi vida normal. Pero tuve que cambiar hábitos, pensamientos, costumbres, requiere de mucho esfuerzo, no es nada fácil, pero se puede.

Les deseo muchísima suerte y mucha fuerza.

María (Argentina)

Helena (ESPAÑA)

“Sí, sé cómo te sientes, yo también he pasado por ahí. Quizá a quien no ha padecido esto le parezca una nimiedad cinco meses, pero quien ha experimentado un trastorno de ansiedad generalizada…sabe que es padecer hipercusia, atasia y un largo sinfín de síntomas que no te dejan ni vivir ni recordar quien eras….¿¿pero sabes que te digo?? que ni falta recordar quien eras, lo que necesitas es crear un nuevo tú. Tu ansiedad te está gritando que tienes que cambiar tu vida.
Pasé de estar en cama medicada y sin saber cómo salir de ese pozo -de hecho pensaba que no lo conseguiría jamás- a caminar todos los días una hora por un parque cercano y asistir a natación todos los martes….en unas semanas. Ahora disfruto de cada día porque la vida es un regalo, tengo proyectos aunque no me amargan y disfruto el presente. Sí, ese maravilloso presente. Me detengo si es preciso para grabar en vídeo el vuelo de una mariposa sobre la hierba, fotografío amaneceres y todo lo maravilloso de la vida, y no, ya no me importa el que dirán, se acabaron esos absurdos pensamientos y ahora trabajo mi autoestima…porque…¿sabes una cosa? tu vida es tuya y debes tomar las riendas de una vez, ser responsable tanto de lo que te sucede como de lo que no te sucede, aprende a confiar en la vida, en ti… todo sucede por una razón. Sé que me lees con recelo, también yo leí testimonios deseando llegar a ser uno de ellos, de los que salen, de los que lo cuentan… Aún estoy saliendo, no creas que ya estoy fuera, pero sé que una vez comenzado el proceso de sanación interna, empiezas a sanar tu cuerpo -que en realidad no está enfermo- es la irrisoria paradoja. Caí en la ansiedad, o mejor dicho, el ultimo detonante fue una ruptura muy dolorosa…y hoy puedo decir que, tal y como cuentan muchos otros testimonios, ha sido una excelente maestra y lo sigue siendo. Sé que me dejará cuando aprenda todo cuanto desea mostrarme.
Déjame que te confiese que estando así, en cama, andrajosa y echa una pena, he conocido al hombre más maravilloso que podía jamás soñar. Facebook se convirtió en mi refugio, cuando podía conectarme, claro, que no siempre me era posible. Y allí estaba él, en un grupo de espiritualidad, sin mediar palabra le añadí como amigo y aceptó. Es un hombre muy atractivo -por dentro y por fuera- 😉 y os juro que no sabía cómo entrarle, maldecía la enfermedad …intercambiamos algunos likes sin mediar palabra hasta que un día él me mandó un mensaje de esos con foto al correo de face, decía algo como :”deja que la mente se calme y el corazón se abra, entonces todo será diferente”. Me quedé estupefacta… principalmente porque no había hablado con él ni publicado nada con referencia a mi situación..resultó ser que él ya había pasado esto años atrás… y ha sido uno de los principales apoyos, por no decir que ha sido quien entendiendo lo que estaba pasando , más me ha empujado hacia la salida del túnel. Cuando estaba acobardada y ahogada en un mar de síntomas, él me llamaba por teléfono para acompañarme a dar un paseo, haciéndome sentir que todo estaría bien y que nada pasaría, que no estaba sola…renunciando a salir con sus amigos a pasear en moto. Sí, renunciaba a su paz por ayudarme a encontrar la mía. Y así las cosas nos conoceremos en persona en breve, porque en alma ya nos conocemos y nos amamos, esto ha sido un reencuentro…que nadie dude, amigos, que todo pasa por algo…así que: receptividad, dejaos conducir por el camino que os lleve y veréis la transformación que os espera. Os envío un tremendo y confortable abrazo a todos los que estáis pasándolo mal, mucha fuerza y pensad que es como una alucinación, ahora debéis despertar”.
Muchísimas gracias Rafa, tu blog ha sido un fortísimo apoyo en los momentos más duros, te leía en silencio, pero de verdad que tu labor es magnifica, gracias, mil gracias. Quise aportar también mi granito de arena 🙂
Abrazos.
Helena (ESPAÑA)

Sofia (ARGENTINA)

Hola ansiedad. Es la primera vez que me animo a hablarte, a contarte cómo fue mi experiencia al convivir contigo. Todo comenzó con un pequeño trastorno en el sueño, no podía dormir en las noches, sentía mi cuerpo cansado, devastado, pero mi mente no me dejaba tranquila, pensaba muchísimas cosas, facultad, amistades, amores, familia, etc. Pase a dormir 3 horas diarias durante dos semanas. Al no frenar con mi rutina agitada sin darle importancia a este primer aviso, empecé con los ataques de pánico. Me temblaba el cuerpo, tenia taquicardia y simplemente sentía que me iba a morir. No iba a pasar eso, pero en ese momento fue lo peor que me pasó. Seguí sin darle importancia, pensando que en algún momento me iba a curar, pero no. Cada vez venías más fuerte hasta el punto de tener miedo de salir de mi casa, de alejarme y pelearme de todo el mundo, de no encontrarle sentido a mi vida y pensar que la ansiedad nunca se iba a ir de mi. Me sentía encerrada y que vos manejabas mi cuerpo y mi mente. Yo no podía hacer nada. Los ataques de pánico aumentaron. Me dopaban con pastillas, iba a psicólogos, psiquiatras pero todo seguía igual. Pensé en frío y me dejé llevar por vos. Deje que me mostrara para que vino a mi, qué quiere que haga y ahí encontré la respuesta. Tenia que aflojar con mi rutina, alejarme de gente toxica para mi vida aun que todo eso significara estar completamente sola sin hacer nada y si, lo hice ¿Y saben qué? FUNCIONO. La ansiedad empezó a desparecer de a poco, ya no necesitaba sedantes, podía salir tranquilamente de mi casa, y aparecieron personas que sí me hacían bien. Personas sinceras y de buen corazón que lo único que querían era ayudarme verdaderamente. Conviví con vos durante un largo año, pero me serviste para darme cuenta de que lo que estaba haciendo me dañaba, y si vos no hubieses venido, creo que hubiese terminado muy mal.
Gracias ansiedad por aparecer en mi vida y ayudarme, la verdad que suena una locura agradecerte, después de todo lo que sufrí, llore y grité. Pero en realidad era yo misma tratando de salvarme, pero en forma de “ansiedad”.
Chau ansiedad, ¡gracias por salvarme!
Sofia (ARGENTINA)

Carmen Lena (ESPAÑA)

Hola a todos. Quiero empezar estas palabras dando las gracias a cada uno de vosotros pro estar siempre que os he necesitado. Esta es una carta de despedida. Hace 6 meses mi mundo y mi vida se me vino abajo. La ansiedad entró en mi vida, creí que todo acababa aquí, que no tenía salida hacia ningún sitio. Los días y días pasaban y sólo me dejaban dolores, mareos, nauseas, desconcierto, lágrimas, impotencia, bueno… qué os voy a contar que no sepáis ni viváis con la ansiedad.
A veces yo no escribía ni pedía ayuda, pero leía vuestras frases, palabras que me grabé en mi mente. Sobre todo una que me dijo Bea Romero. Deja que la ansiedad esté contigo. No luches, únete a ella, síguela en su camino y te darás cuenta de que no es mala, si no que quiere ayudarte a poner en orden lo que tienes mal y no lo sabes. Pues así fue como lo hice. Poco a poco fui saliendo haciendo mi vida normal. Cada vez que salía por la puerta me decía a mi misma… la ansiedad es un estado, no una enfermedad. Y daba resultado.
Hoy por hoy estoy bien. Hace mucho, mucho que no me da un ataque de ansiedad y sé que si llega, saldré feliz de él. He tenido a mi lado a gente maravillosa que me ha ayudado de lejos y de cerca. De lejos todos vosotros, de cerca a mi familia, mi marido que pacientes e impotentes miraban sin sabe qué poder hacer esperando que yo volviese, sin saber que nunca me fui. Simplemente estaba encontrándome conmigo misma en el momento justo en el que estaba prepara para soportar y aprender a ser yo misma.
Por eso hoy quiero dar una sonrisa por cada una de las lágrimas que derramé estando con ansiedad. A cada una de las personas que a mi lado me han ayudado a subir. Millones de besos repartidos.
GRACIAS POR TODO, MI VIDA CONTINUA…
Carmen Lena (ESPAÑA)

Fernando (ESPAÑA)

No sé cual fue el momento en el que entraste en mi vida, ya que lo hiciste muy discretamente; pero dentro de tu rabia porque te ignorase te hiciste ver un día con un inesperado ataque de ansiedad.
Me asusté muchísimo, ya que no sabía lo que era eso y me propuse ir a un especialista.
Ya llevaba un tiempo que me notaba muy depresivo, con bruxismo, con una tensión contínua pero ni me paré a pensarlo ni quise.
Según el psiquiatra el desencadenante fue el estrés. Pero durante muchísimos años te fuiste alimentando con la muerte de un cuñado muy joven, con la de mi suegra, y como viste que pude con ello te cebaste con una grave enfermedad de mi madre que la fue consumiendo hasta que se fue después de más de tres años de sufrimiento.
Es muy duro ver así a una madre, pero lo es más si en poco más de un mes después de su muerte y dentro de lo que los psicólogos llaman“etapa de duelo” diagnostican un grave cáncer de pulmón en mi padre que en el que le dieron mes y medio de vida.
Fue durísimo, ya que murió nueve meses después de morir mi madre y en sus últimos días la enfermedad quiso que mi padre me viese como a su enemigo.
Por si esto fuese poco, en la última etapa que estuviste conmigo mi psicóloga me puso a meditar y destapó algo que en mi mente dormía y no quería recordar: De niño mi padre fue muy dominante e hizo que yo fuese un niño introvertido y aislado. En esa meditación consiguió llevarme a un patio de mi colegio, donde los niños se reían de mí. Me hizo ir allí con mi actual edad y reñirles y abrazar a ese niño ( yo) que estaba solo. Darle ánimos y decirle lo que iba a ser el día de mañana.
Pero hoy he venido a decirte adiós.
Ha sido un año y pico intensos después de aquel ataque de ansiedad. En las primeras etapas luchó la medicación, ya que yo no estaba preparado para luchar; pero luego crecí interiormente y pude empezar a luchar yo.
No es una lucha fácil, ya que tus armas son duras y te gusta buscar cualquier momento de debilidad para cebarte; pero cada vez mi mente iba ganando terreno, y después de ese último toque casi mágico de mi psicóloga devolviéndome a ese patio de colegio ( en el que lloré muchísimo), tu batalla estaba perdida.
Ahora sé disfrutar, sé respirar, sé relajarme en esos momentos que tú quieres ser fuerte; y sobre todo sé que ya no vas a poder conmigo más.
Sí, tú me conoces, y conoces mis debilidades, pero yo te conozco a ti también, y con eso creo que no contabas.
Adiós ansiedad!!!!
Fernando (ESPAÑA)

Elena (ESPAÑA)

Incómoda Ansiedad, me dirijo a ti como incómoda porque para mi no has sido querida en el momento que te he vivido..

Hiciste que no me entendiera a mi misma, conseguiste que me sintiera perdida e irreconocible, me cambiaste de valiente a temerosa, de alegre a triste, de positiva a negativa, de real a imaginaria, de serena a obsesiva, y algún cambio más que me dejo en el tintero… Hasta qué empecé a entenderte.

Entendí que algo me querías decir pero no te escuchaba, luchaba contra ti en vez de ver lo que me indicabas que debía cambiar, y poco a poco y con una la gran ayuda de Rafa, empecé a aceptarte, a escucharte, y a entenderte.

Naciste de mi infancia, de todos los consejos que me dieron por excesiva protección, de mi inocencia, y de mi empatía.

De todo lo malo que me has hecho vivir también has conseguido que aprenda cosas positivas para recuperar mi esencia que estaba perdiendo poco a poco, así como un mundo que puede ser mejor y más sereno, me has guiado a entrar a una paz Interior que trabajada diariamente puedo enseñar también a mis hijos y ayudar a quien lo necesite.
Deseo que no vuelvas a mi vida, y si entras en la vida de alguien te pido que no seas muy dura con esa persona y le ayudes a encontrar las herramientas que necesitará para encontrarse.
Me despido de ti y en el fondo un poco de mi te agradece lo que he aprendido contigo.
Hasta Nunca.

Elena (ESPAÑA)

Mariana (MÉXICO)

Mi nombre es Mariana, y sí, yo también pase por estos momentos que ahora tú estas pasando. Al principio, no sabía qué hacer, me sentía muy frustrada porque la ansiedad me atacaba por las noches, me despertaba de la nada temblando, con nauseas y con taquicardia, un sentimiento muy extraño. Durante ese periodo se desencadenaron muchos miedos que yo no tenía, miedo a subirme a un carro y marearme, miedo a devolver el estomago con cualquier cosa que comiera, miedo a salir porque no queria que me pasara fuera de mi casa. Me encerre tanto en mi mundo, que no me daba cuenta que yo solita estaba causándome esta ansiedad. Para entender por qué la tenía o qué era lo que podia desencadenarla, me tomo unos cuantos meses, pues yo no sabia cuales eran las causas hasta que las halle. El año pasado estuve pasando por situaciones mi estresantes y nuevas para mi, un viaje fuera de casa y mucha gente con mala vibra a mi alrededor, realmente no fue uno de los mejores viajes. Casualmente cuando regreso a mi casa, a mi zona de confort, inicio con ansiedad. Dure 6 meses así, tomando medicamento homeopático, y relajantes para estar segura de que no me pasaría nada. Inicie con muchos eventos fuera de casa, osea que tenía que salir de mi cueva afuera y eso poco a poco me fue ayudando ya que me distraia, no centraba mi atención en mis síntomas si no en lo que estaba haciendo en ese momento. Cuando encontré la causa me di cuenta de que el estres y yo eramos los que causabamos esto y mas que nada con pensamientos negativos. Despues de estos 6 meses puedo decir que me siento muchisimo mejor, estuve yendo a platicas sobre ansiedad, ejercicios de respiracion y tecnicas de relajacion, asi como el medicamento homeopatico (es totalmente natural) y mejore mucho. Si tu tienes ansiedad, y crees que no se puede curar, estas equivocado, la ansiedad es el exceso del futuro, no te adelantes, no pienses que cosas malas van a pasar, eso te afectara aun mas. Y se lo que sientes porque yo lo vivi, yo sentia que nunca iba a poder ser yo otra vez, me sentia otra persona completamente diferente a lo que soy, pero gracias a Dios, todo desaparecio y ahora me siento mas tranquila. Son etapas que le pueden suceder a cualquier persona, simplemente es cuestion de NO prestarle atencion, tu energia canalizala haciendo lo que mas te guste, no se, cantar, bailar, pintar… DISTRACCION es una clave fundamental para poder superar la ansiedad y si yo pude, tu tambien puedes.
Mariana (MÉXICO)

Mari Carmen (ESPAÑA)

Quiero dar un mensaje de esperanza a todas aquellas personas que están pasando por lo que yo misma pasé un día. Hubo momentos de miedo, tensión, desesperación. Un miedo tal que me paralizaba me detenía a mi, detenía mi vida y congelaba mis sueños. Os digo que yo también sentí desesperanza, desilusión, la vida parecía en blanco y negro y carente de sentido. No perdáis nunca la esperanza porque yo he vuelto a vivir, a soñar, a luchar. Tal vez no veáis la salida, pero os aseguro que la salida existe, yo soy la prueba. Puede que necesitéis un guía porque no sabéis hacerlo solos. Dejad que os ayuden otros sin pena, porque los que vienen en vuestra ayuda lo hacen con gusto e ilusión. Ahora disfruto de las cosas más pequeñas que antes por cotidianas pasaban desapercibidas y que ahora son las que llenan mi vida, la sonrisa de un niño, la mirada tierna de un perro, un guiño de complicidad, una palabra de ánimo, la mano de alguien estrechando la mía, el espectáculo grandioso de un cielo lleno de estrellas….
Mari Carmen (ESPAÑA)

Juan Carlos Montoya (ESPAÑA)

Si, se puede
Como en la crisis que estamos atravesando a nivel mundial, en las crisis personales también hay que tener muy presente esta especie de “grito de guerra” que es el “Sí, se puede”.
Para quien no haya tenido nunca una crisis de ansiedad o haya atravesado ese túnel oscuro de la ansiedad o la depresión o las dos juntas de la mano como suelen llegar siempre, nunca sé explicar muy bien lo que se siente. Siempre acudo a aquella frase que escuché pocos meses después de haber salido de aquél túnel: “prefiero perder un brazo a pasar otra depresión o un ataque de ansiedad”. Para los que me leáis y estéis sumidos en ellas o para los que, como yo, ya estamos fuera, sé que me encuentro entre “compañeros y compañeras” y sé que ºsabéis bien de que os hablo.
En el 2006 y tras unos años de vivir al límite de lo soportable debido al trabajo y circunstancias vitales y finalizar con algo más de tres años de moobing, mi mente y mi cuerpo dijeron basta y acompañando a la ansiedad que ya arrastraba, estalló la guerra interna de la depresión.
Fue algo más de un año de titánica lucha contra aquellas paredes, una batalla continua contra los sudores, las taquicardias, la dificultad de subirte a un autobús, coger el metro –entonces vivía en Madrid- o encender un ordenador –en mi caso el estrés post-traumático- estaba centrado en mi aversión por aquél instrumento con el que había trabajado años (hoy lo sigo haciendo tan normal), o leer tranquilamente un libro o disfrutar de una peli.
Se sale. El esfuerzo es titánico y la voluntad debe estar siempre alerta para sostener el difícil equilibrio en el que se habita cada hora que pasa, porque son eternas y nunca se adivina el final de ese túnel.
Durante aquél tiempo jamás dejé de hacer cosas, por muy simples que fuesen. A regañadientes muchas veces y a regañadientes tuve que tomar de vez en cuando alguna medicación –odio las medicinas- y sostuve con mi cuerpo y mi mente una batalla para ver quien aguantaba más. Esto último sé que os sonará raro, pero pensad en vosotros como un coche de caballos…os explico:
El Carruaje es vuestro cuerpo, los caballos vuestras emociones, el cochero que sostiene las correas de los caballos son vuestros pensamientos y cogniciones, y el señor que va dentro del carruaje, tranquilamente sentado, es vuestro yo más profundo…el que controla y dice “no quiero esto”. Entonces comprendí
Una vez que comprendí esto, supe que aquella depresión y aquella ansiedad no eran mías, sino del personaje. En aquél momento llegaron también dos libros que siempre recomiendo a quienes pasan por esa “aventura tan radical” y fueron “El Camino del Zen para vencer la depresión” de Philip Martin y “Sentirse Bien. Una nueva terapia contra las depresiones” de David D.Burns que sirven también para la lucha contra la ansiedad.
Soy practicante de meditación Zen desde hace muchos años y aquello también me ayudó mucho para seguir adelante.
Pasé de odiar la depresión y la ansiedad, a mirarlas con cariño de padres a los que se le ha ido de las manos un hijo. Las vencí desde la observación, la fuerza y el compromiso de saber que aquello era sólo una etapa más de mi ciclo vital, pero ni mucho menos el final.
Decía San Ignacio de Loyola, que en tiempos de tribulaciones no había que hacer mudanzas; yo las hice y me fue bien. Aproveché el momento de ver a lo lejos la luz del túnel para poner orden y concierto en los armarios y cajones de mi vida, tiré a la basura concepciones erróneas sobre mí y muchas cosas de las que me rodeaban, deseché amigos que no lo eran y abrí ventanas y balcones para que llegaran otros.
Hoy, años después, como cuando se sale de una crisis ya sea económica o personal, ya no soy el mismo de antes. Ahora, sin renegar de nada de lo que hice o dejé de hacer, soy otro, sin duda mejor. Serenidad. Esa es mi clave y mi estar.
Sí que se puede. Es cuestión de tiempo, de amor, de abrazo, de lágrimas y esfuerzo, pero tu vida vuelve a oler a hierba recién cortada y los días –que ya no serán los mismos- volverán a relucir.
Durante aquél descenso al infierno, siempre llevaba en mente aquél proverbio hindú que dice: “Detrás de las nubes siempre está el sol”; y al final amaneció.

Juan Carlos Montoya (ESPAÑA)